El Mensajero (Español)

Posted: April 12, 2017

From the Bishop: Bishop Salvatore R. Matano

Comprometámonos de nuevo con nuestro Señor

Pascua de Resurrección 2017

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

La Semana Santa empezó con misas el fin de semana del 8 y 9 de abril con la celebración del Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, y culminará mañana en la gloriosa celebración de la Resurrección de Nuestro Señor en el Domingo de Pascua de Resurrección.

Tomo esta oportunidad para animarle para que asista al resto de la ceremonia de la Semana Santa en su parroquia, la Vigilia solemne de Pascua de Resurrección donde sus hermanos y hermanas matriculados en el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos (RCIA, siglas en inglés) serán incorporados totalmente a la iglesia.

La Misa del Crisma solemne se celebró el martes de la Semana Santa en la Catedral del Sagrado Corazón. En esta Misa anual, nuestros sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales resolviendo "a estar más unidos con el Señor Jesús y a adherirse más estrechamente a Él" como "fieles administradores de los misterios de Dios en la Sagrada Eucaristía y otros ritos litúrgicos", prometiendo "cumplir fielmente el sagrado oficio de enseñar, siguiendo a Cristo la Cabeza y Pastor" (Misa Solemne del Crisma).

En esta Misa se bendijeron el Aceite sagrado de los Enfermos y el Aceite sagrado de los Catecúmenos, y el obispo diocesano consagró el aceite del Sagrado Crisma. El Aceite de los Enfermos, usado en el sacramento de unción de los enfermos, fue bendecido para ser "un remedio para todos los que son ungidos por el mismo; (para) sanarles en cuerpo, alma y espíritu y librarlos de toda aflicción" (Ibíd.).

El Aceite de los Catecúmenos fue bendecido para "dar sabiduría y fortaleza a todos los ungidos con el mismo en preparación para su bautismo" y "llevarlos a una comprensión más profunda del Evangelio" y "ayudarles a aceptar el desafío de la vida Cristiana y conducirles a la alegría del nuevo nacimiento en la familia de la iglesia" (Ibíd.).

El "Aceite del Sagrado Crisma" es consagrado para que se convierta "en una señal de vida y salvación para aquellos que nacerán de nuevo en las aguas del bautismo" y "sean marcados con el don del Espíritu Santo" en el sacramento de confirmación. Aquellos llamados a la Orden Sacerdotal, cuya plenitud es reconocida en el episcopado, serán ungidos con este Crisma concediéndoles "honor real, sacerdotal y profético" para servicio en humildad al pueblo de Dios en imitación del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo de quien el "crisma toma su nombre" (Ibíd.).

Estos aceites, bendecidos durante el Sacrificio Eucarístico, subrayan la naturaleza ministerial del sacerdocio, un llamado a servir, un llamado a imitar al Maestro -- a ponerse el delantal como Él hizo cuando lavó los pies de sus primeros sacerdotes y les dijo que hicieran lo mismo.

Durante esta Misa me uní a nuestros sacerdotes para dar gracias a Dios por nuestros diáconos, religiosos y laicos que nos ofrecen su apoyo y ayuda en tantas áreas de la vida y ministerio diocesano.

Ruego para que la Semana Santa fuera verdaderamente una semana especial, una semana privilegiada para profundizar nuestra relación personal con el Señor. Si la Cuaresma pasó sin que se realizaran nuestras esperanzas de más oraciones, penitencia y obras caritativas como esperábamos, la Semana Santa proporciona una oportunidad excelente para recobrar el significado de esta sagrada temporada.

Al prepararnos para la gloriosa fiesta de la Resurrección de Cristo, contemplemos Su saludo a los discípulos el primer domingo de Pascua de Resurrección: "La paz sea con ustedes". Cuánta de esta paz es necesaria cuando las divisiones entre las personas han fracturado a nuestro país, el mundo e incluso causado inquietud dentro de la iglesia. La violencia, acciones inhumanas de una persona contra otra, la pérdida de vidas debido a la guerra y actos terroristas son muy contrarios a la paz que Cristo había previsto para el pueblo de Dios redimido por la sangre del Cordero. Pero para recibir la paz de Cristo uno tiene que estar unido con Él. De esta unión, nos convertimos en Paulinos, esto es, en las palabras de San Pablo: "… la vida que vivo ahora no es mía; Cristo vive en mí" (Gálatas 2:20). Nos convertimos en instrumentos de paz, empezando en nuestros hogares y luego llegando a la comunidad a través de nuestra unión con el Señor.

En su mensaje del Día de la Paz Mundial del 2016, el Papa Francisco escribió: "El primer tipo de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia a Dios, lo cual conduce a la indiferencia hacia el prójimo. … Ésta es una de las graves consecuencias del humanismo falso y el materialismo práctico aliado al relativismo y nihilismo. Hemos llegado a pensar que somos la fuente y creador de nosotros mismos, nuestras vidas y la sociedad. Nos sentimos autosuficientes, preparados no solamente para encontrar un sustituto de Dios sino para vivir completamente sin Él. Como consecuencia, sentimos que no debemos nada a nadie sino a nosotros mismos …" El Papa Francisco también hace referencia al Santo Papa Pablo VI, quien observó: "… no hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto" (Encíclica Sobre el Desarrollo de los Pueblos, 42).

En Pascua de Resurrección renovamos nuestras promesas bautismales y comprometemos de nuevo nuestras vidas al Señor. Que esta renovación salga de lo más profundo de nuestros corazones, unida a la voluntad del intelecto, y sea brindada con alegría, ¡una alegría que trae paz! Cuando hagamos estas promesas, debemos estar conscientes de que nos comprometemos no por un momento, un día o un año sino a una vida vivida en el Cristo Resucitado y de acuerdo a Sus mandamientos. "Debemos convertirnos siempre de nuevo, volviendo toda nuestra vida hacia el Señor. Y siempre de nuevo debemos retirar nuestros corazones de la fuerza de gravedad, que nos hace caer, y en lo interior debemos elevarlos en alto: en verdad y amor. En esta hora, demos gracias al Señor, porque a través del poder de su palabra y de los santos sacramentos, él nos señala la dirección correcta y eleva nuestros corazones" (Benedicto XVI, Vigilia Pascal, Basílica de San Pedro, 22 de marzo, 2008).

Mis hermanos y hermanas en Cristo el Señor resucitado, les deseo una feliz Pascua de Resurrección y una bendita temporada de Pascua, especialmente a aquellos entre nosotros que sufren el peso de cruces personales. Ruego para que invite al Señor para que alivie su carga. Que todos oigamos y experimentemos el saludo Pascal de Cristo, "¡La paz sea con ustedes!"

Invocando la intercesión de nuestra Madre María y San Juan Fisher, patrón de nuestra diócesis, quedo

Devotamente suyo en Cristo,

 

Reverendísimo

+ Salvatore R. Matano

Obispo de Rochester

 

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