El Mensajero (Español)

Posted: April 16, 2019

Gracias por su ejemplo

Por Maria-Pia Negro Chin

Hace tres años, escribí mi primera columna, centrada en el mensaje del Papa Francisco a los jóvenes durante su visita apostólica de 2016 a México.
 
“Nos dicen que somos la esperanza para un mundo mejor. ¿Pero que nos da esperanza?” una joven le preguntó al Papa. Él respondió que los horrores del mundo no son rival para Jesús.
 
A través de Jesús, dijo el Papa, “es posible creer que la vida vale la pena, que vale la pena dar lo mejor de sí, ser fermento, ser sal y luz en medio de los amigos, en medio del barrio, en medio de la comunidad, en medio de la familia”.
El mensaje sigue resonando hoy en día. Además de la determinación de hacer del mundo un lugar mejor, muchos jóvenes tratan de darle la gloria a Dios con acciones diarias y oraciones.
 
Recientemente, durante la Jornada Mundial de la Juventud y el V Encuentro, conocí a jóvenes adultos y estudiantes que están conectados con las esperanzas, preocupaciones y sueños de otros jóvenes, y que tienen un corazón para el ministerio.
 
Sus opiniones auténticas y esperanzadoras, y su compromiso con su fe y con la voluntad de Dios, manifiestan que la iglesia y el mundo estarán en buenas manos.
Cuando los jóvenes encuentran retos y se les confía responsabilidades, ellos hacen cosas geniales. Vi un ejemplo de esto en Taiwán, donde los trabajadores migrantes filipinos jóvenes se unieron a un sacerdote para dirigir varios programas parroquiales.
 
O en las innumerables historias en los medios católicos de adolescentes que desean compartir el amor de Dios con los demás ayudando a los que están en las periferias: ayudando a quienes no tienen hogar y tienen hambre, celebrando marchas y vigilias de oración, dando su tiempo y recursos para ayudar a las víctimas de desastres naturales, consolando a las personas, conectando y apoyando a los migrantes y refugiados, y utilizando sus talentos para ayudar a otros.
 
Estos tres años de escribir esta columna me han marcado e inspirado.
 
Ahora es el momento de invitar a nuevas voces a que compartan sus perspectivas esperanzadoras e inspiradoras con los jóvenes. En esta última columna, quiero agradecerles. Gracias, jóvenes, por su ejemplo, creatividad para encontrar soluciones y por su testimonio. Son un recordatorio de la gracia de Dios. Su compromiso me da esperanza. Sigan esforzándote por ser santos modernos.
 
Escuchar sus voces, opiniones e iniciativas me hizo admirar su madurez, honestidad, su capacidad de recuperación, y esperanza en la vida, incluso en medio de dificultades.
Un peregrino venezolano que asistía a una catequesis en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá tenía un mensaje de esperanza para los jóvenes del mundo. “En el momento más difícil de tu vida, agradece por estar vivo”, dijo. “Esa experiencia te hará más grande como persona, te va a fortalecer, te dará esperanza, te dará las ganas de seguir luchando por tu futuro”.
 
Mientras investigaba para prepararme para las columnas, también aprendí de santos de “cada día”: los profesionales que se dedican a servir a los jóvenes — consejeros, ministros de pastoral juvenil, profesionales de la salud mental, mentores y amigos — que escuchan a los jóvenes y los apoyan en su camino a la adultez.
 
Estoy agradecida de haber podido compartir un poco de información sobre los problemas que afectan a los adolescentes de hoy.
 
Esta columna también me impulsó a forjar un tiempo para estar verdaderamente presente con mis familiares más jóvenes, incluso cuando vivimos lejos. Cada columna me ayudó a crecer de una manera u otra.
 
También me hizo enfrentar algunos problemas y antiguas heridas que no se habían curado tan bien como había pensado, pero esto me impulsó a pedir ayuda para iniciar un verdadero proceso de sanación. Así que gracias.
 
Espero que continúen conociendo la presencia de Dios con cada paso. Échenle ganas que con Dios todo se puede. Estaré rezando por ustedes.
 
Que Dios los bendiga.
 
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Negro Chin es editora asociada bilingüe de la Revista Maryknoll.