El Mensajero (Español)

Posted: June 11, 2019

Libertad, felicidad se encuentran en seguir a Dios

Por Elizabeth Johnston

“Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues la libertad y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud. Su vocación, hermanos, es la libertad” (Gal 5, 1-2).
 
¿Qué significa la “libertad” de la que habla San Pablo en la carta a los Gálatas que escuchamos el decimotercer domingo? No es la libertad de que “ya no somos esclavos y podemos ser y vivir como queremos; por nuestra propia cuenta”. La libertad a la que él se refiere es que, al escoger hacer la voluntad de Dios, sentimos libertad, paz y alegría. Los deseos del mundo y la carne nos atan y no nos permiten sentir el puro, libre y pleno amor de Dios.
 
Cuando éramos pequeños y obedecíamos lo que nos pedían nuestros padres, éramos alegres porque sabíamos que ellos estaban complacidos con nosotros; las consecuencias de nuestras decisiones de obedecer eran positivas y resultando en un sentido de libertad. Pero cuando desobedecíamos, estábamos preocupados de que llegaran a saber lo que habíamos hecho, con miedo de las consecuencias negativas de nuestra decisión, culpables porque herimos la relación con ellos; resultando en tristeza y esclavitud al dolor.
 
Lo mismo es con Dios quien es nuestro Padre eterno. Cuando escogemos seguir los mandamientos y enseñanzas de Dios, experimentamos una libertad sin igual porque sabemos que Él está complacido con nosotros. Pero nosotros somos frágiles en nuestra humanidad y Dios sabe esto. Por eso Jesús nos prometió permanecer con nosotros para guiarnos y darnos la fuerza que necesitemos a través del Espíritu Santo y la Iglesia, que Él instituyó para servir como guía para nosotros. “Enséñanos, Señor, el camino de la vida” (Sal 15, 11).
 
Dios nos creó con voluntad propia pero nos dio a conocer lo que Él esperaba de nosotros (Los Diez Mandamientos). Esa voluntad propia es para escoger entre el bien que Dios nos ofrece o nuestros propios deseos; los cuales no siempre son igual a lo que Él quiere para nosotros. Cuando un padre le da a un niño a escoger entre jugar o hacer tarea de la escuela, el padre sabe cuál es la mejor decisión, pero, ¿qué creen ustedes que el niño optará por hacer? Lo que le gusta y hace sentir bien. Así nosotros, si nos deja Dios sin guía, escogeríamos lo que nos conviene y da placer en vez de lo que nos hace sentir incómodos y debemos hacer. El consuelo está en saber que si escogemos llevar la cruz propia, Jesús nos la ayudará a cargarla.
 
San Pablo también dijo: “Los exhorto, pues a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre” (Gal 5, 16). Así también como ordenó María en la Boda de Cana: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Cuando vivimos como exige el Espíritu Santo se nos hace más difícil caer en las tentaciones que nos llevan a la esclavitud del pecado y somos libres y alegres.
 
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Johnston es coordinadora de catequesis y evangelización para la Parroquia Santa Francisca Xavier en Rochester.