El Mensajero (Español)

Posted: May 16, 2018

Foto EMC por Jeff Witherow

El trabajador H-2A Humberto González, 26, de Michoacán, México, poda un árbol de durazno el 10 de mayo en Kalir Enterprises en Brockport.

Ideas difieren sobre cómo arreglar la escasez de mano de obra agrícola

Por Annette Jiménez/EMC

NOTA DE LA REDACCIÓN: Hemos ocultado o cambiado los apellidos de algunas personas entrevistadas para esta historia a fin de proteger su privacidad.

Los planes federales para aliviar la escasez de mano de obra mediante la expansión del programa de trabajadores agrícolas invitados son miopes, según los trabajadores del área, defensores y agricultores, que dicen que la única solución real es la reforma migratoria.

El programa H-2A permite a los empleadores de EE. UU. o a los agentes de los EE. UU. que cumplen con requisitos reglamentarios específicos traer a ciudadanos extranjeros a Estados Unidos para ocupar puestos agrícolas temporeros, según información de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de los

Estados Unidos (uscis.gov). Para calificar, los empleadores deben ofrecer trabajos temporeros o estacionales, demostrar que no hay suficientes trabajadores estadounidenses para cubrir los puestos y demostrar que la contratación de trabajadores de visas no afectará “adversamente” los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores estadounidenses empleados de manera similar.

En el 2017, el Departamento de Trabajo de EE. UU. aprobó visas H-2A para 200,049 trabajadores invitados extranjeros en las granjas estadounidenses, lo que representa un aumento del 20.7 por ciento de las 165,741 visas aprobadas en el 2016, según información en dol.gov. Pero los trabajadores de visas representaban solo el 7 por ciento de los trabajadores agrícolas, la mayoría de los cuales eran trabajadores indocumentados, de acuerdo con el Economic Policy Institute (epi.org).

Para abordar las necesidades laborales de los agricultores y aumentar el número de trabajadores agrícolas aquí legalmente, el presidente Donald Trump anunció planes durante una manifestación del 28 de abril en Michigan para modificar el programa de trabajadores invitados a través de un nuevo programa de visas.

La visa H-2C propuesta — que reemplazaría la visa H-2A — es el enfoque de la Ley de Trabajadores Invitados Agrícolas, que fue presentada por el Representante Bob Goodlatte, R-Va., como parte del proyecto de ley Asegurando el Futuro de América (HR 4670 ) que actualmente está siendo considerado por el Congreso. Las granjas de champiñones y las lecheras — que habían sido excluidas de participar en el programa H-2A debido a sus operaciones durante todo el año — podrían utilizar trabajadores temporeros de otros países en virtud del nuevo programa H-2C, según una hoja informativa emitida por el Comité Judicial de la Cámara (bit.ly/2KN8Z42).

El proyecto de ley, actualmente en estudio por el Comité Judicial, también exigiría que los inmigrantes ilegales que trabajan en Estados Unidos regresen a sus países de origen y soliciten su reingreso a los Estados Unidos como trabajadores H-2C, según un comunicado de la Federación Americana del Negociado Agrícola (bit.ly/2Ikf6Pe), que junto con el Negociado Agrícola de Nueva York (NYFB, siglas en inglés) apoya la legislación.

“Ayudaría a aquellos que ya están trabajando aquí a tener una forma legal de permanecer en este país para ganarse la vida para ellos y su familia”, escribió el vocero de la NYFB Steve Ammerman en un correo electrónico a El Mensajero Católico. “También sacaría de las sombras a quienes no tienen documentación legal y mejoraría su calidad de vida”.

Sin embargo, Carlos, un trabajador lechero de Guatemala que trabaja en el condado de Genesee, dijo que siente que un nuevo sistema aún sería inadecuado para satisfacer las demandas de la industria. Un mejor plan sería dar a los trabajadores indocumentados que ya están aquí la oportunidad de obtener visas de trabajo — sin tener que arriesgarse a regresar a sus países de origen — para que ya no tengan que temer por su sustento, dijo.

“Nos sentimos dolidos, tristes, preocupados por lo que está pasando”, dijo. “Los sistemas de trabajo y gobierno saben que nosotros estamos aquí. Porque no platican o llegan a un acuerdo en vez de contratar otra gente, contratar a los que estamos aquí”.

El granjero de manzanas, John Teeple, estuvo de acuerdo con Carlos. Aunque se le permite traer un grupo de 30 a 50 trabajadores H-2A cada año, Teeple dijo que necesita 65 para recoger la cosecha de manzana en su granja.

Para llenar los vacíos en su mano de obra, Teeple dijo que termina contratando trabajadores que vienen con documentos que parecen legales. Pero cada vez más, la policía detiene a esos trabajadores por infracciones de tránsito que los llevan a la Aduana y Protección de Fronteras de los EE. UU. o a Inmigración y Cumplimiento del Código (ICE, siglas en inglés). Uno de sus trabajadores actuales probablemente enfrentará la deportación este verano, dijo.

Los granjeros de manzanas en Nueva York necesitan colectivamente alrededor de 8,000 personas para el trabajo, lo que toma unas ocho semanas al año, agregó Teeple.

“Tienen que ser legales, tienen que estar saludables y es un trabajo duro”, dijo sobre la cosecha de manzanas. “Simplemente no hay 8,000 (estadounidenses) esperando que les demos un trabajo. … Es por eso que necesitamos que entren trabajadores externos”.

Teeple dijo que el proceso para traer a los trabajadores H-2A es engorroso y costoso - cuesta hasta $1,500 para los trámites burocráticos, legales y de transporte, explicó.

Bajo el programa H-2C, el agricultor no tendría que pagar vivienda o transportación para los trabajadores.

El programa H-2A “es una bendición y una maldición”, dijo Teeple. “Es el único programa legal que tenemos para traer personas al país. … Pero tenemos que pasar por muchos obstáculos para hacerlo realidad”.

En el papel, ofrecer a los agricultores otra opción parece ser una buena idea, especialmente para la industria lechera, que emplea a una fuerza laboral que está entre el 50% y el 70% indocumentada, señaló Elizabeth Henderson, agricultora de productos orgánicos retirada.

“Si (ICE) echara a todos los trabajadores indocumentados, las granjas lecheras y granjas de vegetales a gran escala y los viñedos en el estado de Nueva York estarían en una situación muy triste para los trabajadores”, dijo. “Para tener trabajadores agrícolas que sean ciudadanos o residentes locales, el salario debería ser de $20 a $30 por hora. Ninguna de las granjas pueden pagar eso”.

Incluso cuando se ofrecen salarios más altos, los agricultores han descubierto que pocos residentes locales quieren hacer el tipo de trabajo agrícola repetitivo y físicamente exigente que los trabajadores indocumentados y los trabajadores invitados están dispuestos a hacer, señaló.

En lugar de expandir los programas de trabajadores invitados, Henderson dijo que apoya una propuesta alternativa de la Coalición Nacional de Agricultura Sostenible, de la cual ella es miembro. La coalición aboga por un sistema de visa de doble propósito que permita a los trabajadores entrar y salir de la frontera, y proporciona un camino hacia el estatus legal para los trabajadores que ya están en el país, dijo.

Según el plan de la coalición, los agricultores también deberían pagar a los trabajadores un salario justo, agregó Henderson. Los trabajadores agrícolas que son indocumentados y trabajadores invitados generalmente ganan el salario mínimo o un poco más, pero no hay supervisión de las condiciones laborales cuando se trata de trabajadores indocumentados, agregó.

“Las granjas más grandes, las granjas industriales, siguen el modelo de las plantaciones de esclavos”, comentó. “No hay esclavos, sino enormes brigadas de trabajadores indocumentados”.

A pesar de que los agricultores como Teeple se adhieren a las regulaciones estrictas sobre vivienda y condiciones de trabajo seguras, otros agricultores son menos escrupulosos, según Carly Fox del Centro de Justicia para Trabajadores y “John”, un trabajador H-2A.

En una entrevista telefónica con El Mensajero Católico, John dijo que la falta de trabajo en su país de origen lo obligó a dejar atrás a su esposa y su hijo de 9 años cada año desde el 2015 para trabajar por temporada en esta área.

John dijo que él y los hombres con los cuales trabaja necesitan camas y agua potable donde están alojados.

“Todo va bien ahorita pero no sé si sigue en adelante”, dijo de las condiciones en que se encuentran.

John interrumpió la entrevista por temor a que su supervisor, que casi siempre está con los hombres, escuchara sus comentarios y lo despidiera.

Su historia destaca otro problema con el programa de trabajadores invitados: la carga de probar cualquier maltrato recae en el trabajador, dijo Fox.

“Los trabajadores invitados están excluidos de los beneficios de ciudadanía, pero están haciendo contribuciones a la economía de Estados Unidos”, dijo. “Es una manera de mantener a la gente de color en las sombras, ya que no queremos integrar a estas personas en este país”.

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