El Mensajero (Español)

A distancia de medio siglo después del Segundo Concilio Vaticano, se vive un año de fe y debate

Por Francis X. Rocca
Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) -? Este octubre próximo, hace cincuenta años, el beato Juan XXIII, y más de 2,500 obispos y directores de órdenes religiosas de todo el mundo se reunieron en la basílica de San Pedro para la apertura de sesiones del Segundo Concilio Vaticano.

A través de los años siguientes, el Segundo Vaticano ha promulgado 16 temas mayores o "pronunciamientos" en cuestiones tan fundamentales como la autoridad de la jerarquía de la iglesia, la interpretación de las Sagradas Escrituras y el papel propio correspondiente de clérigos y laicos. Esos documentos, y las deliberaciones que han causado, han transformado la forma en la que la Iglesia Católica entiende y se presenta dentro del contexto de cultura secular moderna y sociedad.

Debido a que el Segundo Concilio Vaticano fue un evento monumental en la historia moderna religiosa, su aniversario de oro será naturalmente una ocasión para numerosos eventos conmemorativos, incluyendo celebraciones litúrgicas, publicaciones y conferencias académicas.

En la exhibición conmemorativa del Segundo Concilio Vaticano en la basílica de San Pablo extramuros en Roma, que se inauguró a finales de enero, y que estará abierta hasta el mes de noviembre del año 2013, se incluyen páginas originales de escritura a mano de discursos del papa Juan XXIII en la sesión inaugural del concilio y un pasaporte del Vaticano otorgado en ese entonces a nombre de un joven obispo polaco llamado Karol Wojtyla, futuro papa Juan Pablo II.

Sin embargo, la exhibición conmemorativa del Segundo Concilio Vaticano no presenta solamente un interés histórico; más bien, indica un asunto vivo en la iglesia de hoy.

Los doctos en la materia todavía debaten sobre el alcance de los logros del concilio, en asuntos como diálogo entre grupos de diverso credo religioso, y reforma litúrgica y si fueron desarrollos orgánicos en la historia de la iglesia o fueron, más bien rupturas radicales con el pasado. Y tanto clérigos como laicos difieren en la extensión de cómo aplicar los pronunciamientos del concilio, si se debe apegar uno estrictamente a la letra de los documentos o seguir una interpretación más amplia "del espíritu del Segundo Concilio Vaticano".

El papa Benedicto XVI ha rechazado lo que él llama "la hermenéutica de lo discontinuo y la ruptura" en el entendimiento de hoy en día del concilio, y ha llamado en lugar de eso a una interpretación del Segundo Concilio Vaticano como ejemplo de "renovación continua" con la tradición de 2,000 años de tradición. La exploración y la promoción de tal idea será una meta mayor que alcanzar en el Año de Fe que empezará el 11 de octubre, exactamente a una distancia de medio siglo desde que se inauguró el Segundo Concilio Vaticano.

Un número de católicos relativamente pequeño pero altamente visible rechaza en total el concilio, acusando, entre otras cosas, que los cambios subsecuentes en el culto han rebajado la solemnidad de la Misa y que la creciente apertura a otras religiones está en conflicto con la necesidad de proclamar la salvación por medio de Jesucristo exclusivamente. El grupo de esta clase más prominente, llamado Sociedad de San Pío X, rompió de manera efectiva con Roma desde el año 1988, cuando su fundador, el deceso arzobispo francés Marcel Lefebvre, ordenó cuatro obispos sin la aprobación del papa.

El papa Benedicto ha hecho la reconciliación con esta sociedad tradicionalista una prioridad dentro de su pontificado. Quitó las restricciones para la celebración tradicional de la Misa en latín, ahora llamada la forma extraordinaria en 2007. A menos de dos años después, quitó la excomunión de los cuatro obispos ilícitamente ordenados. Y el pasado otoño, el Vaticano contempló la posibilidad de hacer del grupo una prelatura personal si se llega a una reconciliación completa. Una prelatura es como una diócesis mundial, estado hasta ahora concedido solamente a la organización del Opus Dei.

Sin embargo, como condición de la reconciliación, el Vaticano ha pedido a la sociedad que dé su asentimiento a un sumario de ciertos puntos de doctrina no discutibles. Estos puntos no se han hecho públicos, pero posiblemente incluyen las principales enseñanzas del Segundo Concilio Vaticano.


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