El Mensajero (Español)

Posted: May 28, 2015

El beato Romero 'otra brillante estrella' que pertenece a la iglesia de las Américas

Por Rhina Guidos
Catholic News Service

SAN SALVADOR, El Salvador (CNS) –Algunos pensaban que este día nunca llegaría. Otros tenían la esperanza y otros más sabían que este día llegaría.

El 23 de mayo, la Iglesia Católica beatificó al arzobispo Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, de El Salvador, quien fuera asesinado en 1980 mientras celebraba Misa, solamente un día después de que les rogara a los soldados y les mandara que dejaran de matar civiles inocentes.
 
"El beato Óscar Romero es otra brillante estrella que pertenece a la santidad de la iglesia de las Américas", dijo el cardenal Ángelo Amato, presidente de la Congregación de Causas de Santidad del Vaticano, durante la ceremonia en San Salvador. "Y gracias a Dios, hay muchas".
 
Al considerar que las personas que lo persiguieron han muerto o se han sumido en la obscuridad, "la memoria de Óscar Romero continúa viva en los pobres y marginados", dijo el cardenal Amato.
 
En sus homilías, el arzobispo Óscar Romero con frecuencia abogó para que los pobres tuvieran mejores condiciones de vida, para que se le diera fin a la violencia creciente en ese tiempo en el país y para que se viviera conforme un espíritu de hermandad entre los que por sus divisiones habían causado como resultado un conflicto armado de 12 años.
 
Y Óscar Romero no es símbolo de división sino de paz, dijo el cardenal Amato.
 
En un mensaje enviado el sábado con ocasión de su beatificación, el papa Francisco dijo que el arzobispo Romero "edificó la paz con el poder del amor y dio testimonio de su fe con su propia vida".
 
Prueba de ello es la camisa que llevaba puesta cuando murió, tinta en sangre, después de que una sola bala de un asesino truncó su vida. Ocho diáconos transportaron la camisa tinta en sangre, ahora reliquia, hacia el altar en una urna de cristal. Otros la decoraron con flores y velas durante la ceremonia del sábado. Varios sacerdotes se acercaron para tocar la urna y después hicieron el signo de la cruz.
 
En una época difícil para El Salvador, el arzobispo Romero supo "cómo guiar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con la iglesia entera", decía el Papa en su mensaje. "Su ministerio se distinguió por una especial atención hacia los pobres y marginados. Y al momento de su muerte, mientras celebraba el santo sacrificio de amor y reconciliación, recibió la gracia de identificarse totalmente con el que dio su vida por sus ovejas".
 
Al evento, celebrado en la plaza del Divino Salvador del Mundo en la capital de San Salvador, acudieron cuatro presidentes latinoamericanos y seis cardenales, incluyendo: Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de Honduras; Leopoldo Brenes, de Nicaragua; Jaime Ortega, de Cuba; José Luis Lacunza, de Panamá; Roger Mahony, de los Estados Unidos y el cardenal italiano Amato, como también el arzobispo italiano Vincenzo Paglia, postulador de la causa del arzobispo Romero.
 
Su entusiasmo no podría haber sido mayor que el que había exhibido el padre Estefan Turcios, pastor de la Iglesia Católica de San Antonio de Padua de El Salvador en Soyapango y director nacional de las Sociedades Misioneras Pontificias de El Salvador. Antes del conflicto en El Salvador, el padre Turcios había sido tomado preso por defender los derechos de los pobres y el arzobispo Romero ayudó a que lo liberaran.
 
"Ha habido personas que se han inspirado en Óscar Romero durante 35 años. ¿Cómo creen ustedes que se sientan ahora mismo?", preguntó el padre Turcios.
 
Pero así como el arzobispo Romero tiene sus devotos, también ha tenido sus detractores.
 
Después de su muerte, se recibieron en el Vaticano alteros de cartas en contra del arzobispo Romero, dijo el arzobispo Paglia. Y eso afectó la senda hacia su santidad, que incluye, primero, la beatificación; pero tres décadas después de su asesinato, el papa Benedicto XVI aclaró la causa de santidad del arzobispo.
 
En febrero, el papa Francisco firmó un decreto en el que se reconocía al arzobispo Romero como mártir, una persona que había sido muerta "por odio a la fe"; lo que significa que no había necesidad de que se probara la realización de un milagro para su beatificación. En general, se necesitan dos milagros para alcanzar la santidad; uno para la beatificación y el segundo para la canonización.
 
El padre Turcios dijo que al estudiar la vida del beato Óscar Romero, otras personas descubrirán todas las verdades del Evangelio que lo llevaron a defender la vida, a los pobres y a la iglesia y dejar de lado las falsedades que rodeaban su legado.
 
Durante la guerra civil del país, que duró del 1979 al 1992, algunos salvadoreños habían escondido, enterrado y, a veces, quemado fotografías que le habían tomado al arzobispo Romero, debido a que temían que los tildaran de comunistas o simpatizantes de los rebeldes, lo que habría puesto en peligro su vida.
 
Aunque todavía el arzobispo Romero tiene algunos detractores, dijo el padre Turcios, la beatificación podría ayudar a otras personas a que entendieran la realidad y la verdad que otros han sabido desde siempre: el arzobispo Romero "fue leal a la voluntad de Dios, fue leal a su pueblo y lo amó y fue al mismo tiempo leal para con la iglesia que también amó", dijo.
 
Los sacerdotes, los obispos y cardenales se revistieron con una sobrepelliz de color rojo, como símbolo del martirio. Y las estolas llevaban grabado el lema episcopal del arzobispo Romero: "Sentir con la iglesia".
 
Con la ceremonia se culminó una semana entera en San Salvador en la que se vieron peregrinos, principalmente de Latinoamérica, pero también de otras partes del mundo tan alejadas como Singapur y muchas personas de los Estados Unidos, que deseaban participar de la celebración. Flores, música, lágrimas y alegría llenaban la catedral metropolitana del Santísimo Salvador en San Salvador, lugar en el que los restos del arzobispo descansan. Oficialmente se le puede llamar ya el beato Romero, pero para otras personas ya es y lo ha sido "San Romero" o San Óscar Romero de las Américas.
 
El padre Juan J. Navarro, de Maracaibo, Venezuela, dijo que había visitado el sitio en donde está enterrado el arzobispo para dar a conocer las muchas necesidades de su país, en donde faltan los alimentos y la libertad de expresión, dijo, y es una región que vive una situación semejante a la que causó la guerra en tiempos del arzobispo Romero.
 
"Le pedí (al arzobispo Romero) que interceda por nuestros derechos, que continúe inspirando en nosotros la voluntad de seguir adelante cuando la realidad de la vida es tan grave", dijo.
 
Para la salvadoreña Gregoria Martínez de Jiménez, que cuenta con 81 años de edad, la beatificación señala el reconocimiento oficial de algo que ella ha sabido todo el tiempo: "Finalmente tenemos un santo que es de los nuestros", dijo en medio del llanto.
 
"El arzobispo Romero fue un duplicado de Jesús", añadió su hija, María Elena Jiménez Martínez, de 44 años de edad. Las dos mujeres habían podido asistir al funeral del arzobispo Romero, ocasión en donde detonaron bombas y se dispararon tiros. Más que júbilo, las dos mujeres mostraban alegría mezclada con tristeza de lo que permanece como recuerdo de tiempos dolorosos.


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