Cumbre enfoca las necesidades de los estudiantes masculinos

ROCHESTER — El panorama para los muchachos latinos en los Estados Unidos parece deprimente — En varios estados hay más de ellos en las prisiones que en las universidades; muchos pertenecen a pandillas o tienen que abandonar los estudios para mantener a sus familias.

"Nosotros encarcelamos más personas en este país que en ningún país del mundo en cualquier época de la historia", comentó Pedro Noguera, que tiene la Cátedra Peter L. Agnew de Profesor de Educación en la Universidad de Nueva York, durante una presentación el mes pasado en Nazareth College. "Y cada dólar que se gasta para encarcelar a alguien es un dólar menos para la educación, la salud y otras necesidades públicas que tenemos en este país".

Pero, hay esperanza, dijo él. Se ha probado que estrategias de intervención efectivas han aumentado el número de latinos que terminan sus estudios de secundaria y que pasan a hacer estudios superiores, añadió él. Esas estrategias incluyen proveer ambientes escolares seguros, interesar a los estudiantes con clases dinámicas y ofrecer actividades positivas como deportes o artes, dijo Noguera.

"Si no les damos un sentido claro de dirección, perderemos a nuestros estudiantes y a nuestras escuelas y los ganarán las pandillas", dijo él. "Tenemos que crear escuelas donde la cultura de la escuela es más poderosa que la cultura de la calle".

Noguera se dirigió a un grupo de educadores, miembros de la comunidad, dirigentes de universidades y padres el 8 de marzo, mientras que ellos continúan la tarea de reorganizar la Escuela de Secundaria Monroe para crear una nueva cultura y mejorar el rendimiento académico general de los estudiantes en la misma. El evento es el tercero de una serie de cumbres sobre la educación de latinos que han tenido lugar en Nazareth.

Las necesidades de los muchachos latinos no son solo académicas sino también sociales y ambientales, explicó Noguera. Los jóvenes latinos son más propensos a abandonar los estudios que ningún otro grupo, y como resultado, más terminan haciendo trabajos de baja paga. A menudo son excluidos de programas que promueven el éxito y un desarrollo social positivo, dijo él, porque los educadores y los empleadores tienen prejuicios contra ellos debido a estereotipos negativos. Los niños que vienen de familias inmigrantes a menudo tienen que hacer la difícil decisión de ir a la escuela o trabajar para ayudar a mantener a sus familias, añadió él.

"Eso perpetúa el ciclo de trabajo de baja paga", dijo Noguera.

Al trabajar como trabajadora social y abogada de salud mental para los estudiantes de Monroe, Carmen García se ha familiarizado mucho con el panorama que Noguera pinta. Para que las nuevas iniciativas funcionen, dijo ella, los padres tienen que hacerle confianza al distrito escolar — dados los muchos factores que Noguera enumera como contribuyentes a la decisión de abandonar los estudios — la comunidad debe tener cuidado de no juzgar negativamente a los que abandonan los estudios.

"Yo escucho los problemas que confrontan los padres, maestros, líderes y todo el mundo", dijo García. "Yo trato de ser un puente para que se puedan cumplir esas necesidades".

Fomentar relaciones con las familias, para ganar su confianza y su compromiso para mejorar el futuro de sus hijos es parte de la iniciativa de la Educación Latina de Rochester que comenzó hace tres años, según dirigentes del distrito escolar. Una cumbre inicial hace un año fue facilitada por el personal del Centro Metropolitano para Educación Urbana de la Universidad de Nueva York, que el distrito había contratado para resolver las barreras que confrontan los estudiantes latinos de Rochester.

El miembro de la Junta, José Cruz, le advirtió a los participantes de la cumbre más reciente que no confundieran progresos lentos con ningún progreso.

"Sin dudas, hay un sentimiento de urgencia", añadió él. "Pero a la larga, los pasos lentos y metódicos resultan mejores".

"Se trata de una evolución, no de una revolución", estuvo de acuerdo Melisza Campos, otra miembra de la junta escolar.

La cumbre del mes pasado también proporcionó una oportunidad para que los comités continuaran su labor de buscar y hallar soluciones para mejorar la asistencia, la salud y la inscripción en distintos grados de los estudiantes de Monroe.

La escuela está en una fase de transición que tiene por objeto reconstruir, rescribir y reintroducir la misión de la escuela, explicó el Superintendente Interino Bolgen Vargas. Ese trabajo incluirá reorganizar los componentes de artes y deportes de la escuela, que son muy valiosos, añadió él

Tener una gran población de estudiantes latinos que son bilingües en Monroe, debe ser considerado como una ventaja que el distrito puede aumentar y mejorar, añadió Vargas. Esa labor se llevará a cabo en conjunción con las familias, las universidades y las agencias de servicios sociales que proveerán su apoyo, como muestran las escuelas con las que Noguera trabaja, dijo él.

Cambiar la tendencia a colocar un gran número de estudiantes latinos en clases de educación especial es también parte importante de este trabajo, dijo Noguera. En Rochester, uno de cada cinco estudiantes latinos está inscrito en clases de educación especial, según informaciones dadas por el departamento de educación del estado.

Esa colocación indica un perjuicio cultural que Noguera notó por primera vez cuando era niño y su familia se mudó de la Ciudad de Nueva York a Long Island. Él dijo que sus padres, que no se graduaron de la secundaria, deseaban una educación mejor para sus seis hijos, pero basado solo en sus apellidos hispano, él y su hermano fueron colocados en una clase de educación especial.

Su hermano, Felipe, se rebeló ante esa situación, pero su padre le dijo que se portara bien e hiciera su tarea, continuó Noguera. Cuando él le enseñó un dibujo y le dijo a su padre que lo único que hacía en la clase era dibujar, su padre finalmente entró en acción. Presentándose en la escuela en su uniforme de policía, él insistió en que le enseñaran las clases de sus hijos, a pesar de que le decían los educadores que estaban haciendo lo mejor para sus muchachos, añadió Noguera. Su padre exigió que les hicieran pruebas a sus hijos y los resultados fueron que ambos eran brillantes.

"Muchos padres quieren hacerle confianza a las escuelas", dijo él. "Ellos esperan que si mandan a los muchachos a la escuela todo irá bien. Pero en muchos casos, esa confianza no es merecida".

Noguera dijo que el libro Invisible No More (Ya no somos invisibles) que él co-editó prueba que cuando se trabaja con las familias y la agencias como una comunidad, se cambian las tendencias negativas, se mejora el rendimiento educacional para los latinos y se benefician todos los estudiantes a la larga, añadió.

"La crisis que confrontan nuestros jóvenes es muy aguda", dijo él. "El hecho de que nos desentendemos de lo que le pasa a estos jóvenes, no solo en las escuelas y en la comunidad, sino en nuestra sociedad refleja donde estamos como nación".

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