Sacerdote describe su trabajo con los migrantes

GENEVA — El Padre Alejandro Solalinde predicó un mensaje de amor y esperanza diferente el Día de los Enamorados.

Durante una visita a las Universidades Hobart y William Smith, él describió como los albergues que él administra en su ciudad natal de Oaxaca, en México, proporcionan comida y albergue a miles de trabajadores migrantes que viajen hacia el norte desde América Central.

"Es algo maravilloso", dijo el Padre Solalinde, coordinador de la pastoral de movilización humana de la región del Pacífico del sur del Episcopado mexicano. "Nadie se queda con hambre".

La charla del Padre Solalinde fue parte de una gira de conferencias en varias universidades de la región encabezada por El Comité sobre Relaciones entre los EE.UU. y Latinoamérica (CUSLAR), en la Universidad de Cornell, explicó Tim Shenk, coordinador de CUSLAR, quien también sirvió de intérprete. El Padre Solalinde habló asimismo en la Universidad de Ithaca y en St. John Fisher, en Pittsford.

Él abrió las puertas de El Camino de Hermanos, en la ciudad de Ixtepec, como respuesta a las multitudes de migrantes que él vió escapar de sus países nativos y tomar el largo y peligroso viaje por tren que va de la región de Chiapas hacia los Estados Unidos, según informaciones dadas en www.hermanosenelcamino.org. En el camino, muchos de los migrantes son explotados y apaleados por oficiales de la policía y de inmigración, como también secuestrados por traficantes de drogas que fuerzan a sus pobres familias a pagar sus rescates, explicó el Padre Solalinde. Seis de cada diez mujeres son violadas, dijo él.

"México es un país que está pasando por una situación de corrupción y violencia", añadió él.

Hermanos en El Camino operan más de 50 albergues a lo largo de esta "ruta migratoria no autorizada" que proveen comida, descanso y ayuda legal y psicológica, dice el sitio web. Los albergues son el equivalente moderno de la ruta del tren subterráneo que ayudaba antiguamente a los esclavos, dijo Alejandra Molina, directora de asuntos interculturales de Hobart.

Y, añadió ella, el Padre Solalinde se parece a Martín Lutero King Jr. y a Ghandi, mientras trabaja para poner las injusticias a la luz del día y él ha pagado el precio por amenazas de muerte y golpeaduras por parte de la policía y los traficantes de drogas.

"Los albergues proveen una barrera contra ataques brutales que reciben los migrantes que están de tránsito por México y los Estados Unidos", dijo Molina.

"El Padre Alejandro está proveyendo albergue a migrantes que buscan una vida mejor para ellos y sus familias".

Desafortunadamente, los migrantes están buscando una vida mejor en dos países que no los quieren ni valoran sus contribuciones, dijo el Padre Solalinde. Mientras que las autoridades mexicanas y los traficantes abusan y se aprovechan de los migrantes, el Padre Alejandro dijo que los americanos tratan a estos inmigrantes con desprecio, a pesar de que su país fue fundado por inmigrantes.

América se ha convertido en un país donde reina el capitalismo y donde la justicia pasa a segundo plano, comentó él.

"No es Dios que los manda", como es el deber, añadió él. "A Dios nadie le hace caso".

Para el Dr. John "Lory" Ghertner, un residente local que hace abogacía por los migrantes y que fundó los Servicios de Apoyo a los Migrantes, y el programa Los Muchachos para la Universidad, el siguiente comentario del Padre Solalinde lo impresionó mucho: "Los corazones de las normas públicas están cerrados. Los tenemos que abrir".

"El Padre Alejandro nos demostró que los migrantes son personas verdaderas que arriesgan sus vidas a diario", añadió Ghertner. "Ser testigo de alguien que da todo por los demás, a pesar de que amenazan su vida, me hace sentirme humilde al comparar mi contribución"

El Padre Solalinde nos recuerda que los cristianos deben seguir luchando contra las leyes "inmorales" que deportan a trabajadores migrantes y que separan familias, dijo Antonio Gómez que vino a esta región como trabajador migrante y que se hizo ciudadano americano en el 2004.

"Él tiene un mensaje muy profundo", añadió Gómez, que trabaja ayudando a los migrantes en el Centro Finger Lakes de Salud para la Comunidad. "Es un despierto".

El Padre Solalinde dijo que a él se le habían abierto los ojos cuando los oficiales gubernamentales locales y traficantes de drogas lo amenazaron con quemar uno de sus albergues con él adentro. Él reconoce que esos fueron los peores días de su existencia y dice que ahora tiene a guardias que lo acompañan todo el tiempo en México.

"No me recuerdo haber sufrido tanto, no solo por mi pero sobretodo porque si quitaban el albergue, los migrantes se iban a quedar totalmente desprotegidos", dijo él.

El Padre Solalinde dice que ha vencido su miedo por medio de la fe.

"Finalmente, mi vida está en las manos de Dios", comentó él.

Él tampoco se preocupa del aspecto financiero. Cuando le piden que dé una charla, no pide dinero, ni voluntarios.

Sin embargo, la comida siempre llega, ya sean donaciones de arroz, frijoles o aceite hechas por jóvenes de su ciudad, pollos enviados por granjeros mexicanos o donaciones mensuales que le hace su propia familia. Los voluntarios aparecen a las puertas de los albergues, añadió él.

"Yo confío mucho en Jesús, Él nos ha dicho que busquemos primero el reino de Dios y de la justicia", dijo el Padre Solalinde. "Y todo lo demás viene".

El año pasado, los albergues recibieron $30,000 del político mexicano Cuauhtémoc Cárdenas, quien donó un premio de $15,000, donación que fue igualada por la Universidad de Notre Dame, que les otorgó el Premio de Notre Dame de Servicio Público Distinguido en Latinoamérica. El dinero se utilizó para hacer dormitorios separados para las mujeres, dijo el Padre Solalinde.

"No me preocupo; no me inquieto", añadió él. "Dios nos va a ayudar porque Dios no me está ayudando a mí. Yo le estoy ayudando a Él. Y Él me tiene que dar con qué. Estoy claro que no me ha fallado".

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