Debemos llevar a los demás a Jesucristo

Como bautizados sentimos la alegría de haber celebrado los tiempos litúrgicos fuertes de Adviento y Navidad concluyendo con la Epifanía y abriendo la época del Tiempo Ordinario con el Bautismo del Señor. Al comenzar justamente con esta fiesta, el Tiempo Ordinario nos llama a recordar las palabras de Jesús a todos los bautizados, "Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt. 28, 19). Es el llamado que él nos hace desde nuestro bautismo, cuando se nos dijo y la Iglesia nos lo recuerda constantemente que somos instituidos sacerdote, y rey. Es nuestro llamado a llevar a los demás a Cristo. Invitarlos a la fiesta (eucaristía), a la oración, recordarles la importancia de la bendición de todo lo que tienen que viene de Dios (aunque hayan trabajado para adquirirlo es Dios que le dio la fuerza), aclarar sus dudas de fe o llevarlos al sacerdote, diácono, religioso/a, o un/a laico preparado/a para que le aclaren sus dudas.

Como bautizados tenemos la mayor dignidad que ser humano alguno haya recibido, no hay mayor dignidad, el ser hijos de Dios. Así vemos como el profeta nos recuerda cual debe ser nuestro ideal, "no me daré reposo, hasta que surja en ella (la persona o la Iglesia) esplendoroso el justo (Jesús) y brille su salvación como una antorcha". Es nuestro deber el llevar a los demás a Jesús (con palabras o ejemplo) y no lo tenemos que hacer solo, pero debemos hacerlo y para ello la Iglesia está lista a apoyarnos. No olvidemos las palabras alentadoras de Pablo, "En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común". Al igual que en las bodas de Caná, cuando Jesús transformó el agua en el mejor vino, Él nos ha guardado como "el vino mejor", para bien de la Iglesia.

El profeta nos recuerda que cuando hablemos a los demás sobre Él, ocurrirá que, "de suerte que el pueblo comprendía". Pero si cometemos el pecado que tantos y tantas hoy en día cometen contra el tercer mandamiento, "Santificar las fiestas", para el cual hay tantas excusas, estoy cansado, los niños hacen ruido (ellos tienen deber de cumplir con el mandamiento también, no llevemos juguetes), me duele el pie, la cabeza, etc. ¿Cómo vamos a alimentarnos de las palabras necesarias para hablarle a los demás? El profeta Nehemías nos dice sobre la celebración, "No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza". San Pablo nos recalca, "hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu". Así que en el bautismo somos injertados en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, que cosa más tremenda no estamos solos en nuestra tarea. San Lucas como buen administrador de la palabra revelada escribe en su Evangelio (Buena Nueva), "Yo también, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado". Así que ya nosotros tenemos las enseñanzas, pero hay que ir a la instrucción la Eucaristía (Misa) y leer la palabra. La biblia nos dice que lo que recibimos (de conocimiento) lo debemos dar a los demás.

Recordemos que el Señor nos conoce, "Desde antes de formarte en el seno materno, desde antes de que nacieras, te consagre como profeta para las naciones". Vemos que el Señor nos ha llamado a cada uno de nosotros para anunciar su "Buena Nueva", el bautismo nos consagra como profetas. No tenemos que ser grandes predicadores solamente hablarles a los demás sobre el amor del Señor y lo que, Él, hace en nuestras vidas. Seguir al Señor, ser cristiano, significa que el mundo nos rechazará, Jeremías nos advirtió, pero nos dio esperanza, "Te harán la guerra, pero no podrán contigo, porque yo estoy a tu lado para salvarte". Que hermoso es el Señor que no nos deja desamparados.

Así que les exhorto mis hermanos y hermanas que no den un paso atrás. Como hijos e hijas de Dios nosotros somos la Iglesia fundada sobre los apóstoles según la promesa que Jesús hizo a Pedro, "Sobre ti, edificaré mi Iglesia". Nada de temor, ni flojeras, asistamos al alimento espiritual de la palabra en la Eucaristía, la oración, los sacramentos y la palabra de Dios (la Biblia), de esta forma seremos fieles a nuestro llamado bautismal. Seamos verdaderos sacerdotes, profetas y Reyes y digámosle al Señor, "Aquí estoy, Señor, envíame".

¡Que el Señor Jesús y su santísima madre María los bendigan abundantemente!

El Hermano Lozada, CSJE, es el coordinador de la Oficina de La Vida Familiar Hispana de la Diócesis de Rochester y el director del Instituto de Pastoral Hispano en la Escuela de Teología y Ministerio San Bernardo.

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