El festival celebra la cultura y la espiritualidad

ROCHESTER — Mientras que los portadores de las banderas descendían los escalones de la iglesia San Miguel, el grupo de espectadores reunido en frente de la iglesia gritaron "¡Que viva México! Y ¡Que viva Puerto Rico!"

Las banderas representaban la herencia cultural de los feligreses de Sta. Francisca Javier Cabrini, cuyas familias o descendientes vienen de países tan variados como Irlanda, Italia, Alemania, Brasil, Cuba y Colombia. Las banderas fueron colocadas al borde del altar y sillas fueron colocadas para la primera Misa en exteriores en el parqueo de la iglesia en las Avenidas Clinton Norte y Clifford el 31 de agosto. Las banderas de los Estados Unidos y del Vaticano estaban al frente, en el centro.

La Misa comenzó el Festival del Barrio anual que se celebró en el parqueo de la Iglesia el primero y dos de septiembre. El Padre Bob Werth, co-párroco de Sta. Francisca Javier Cabrini sugirió la idea de la Misa en exteriores durante la planeación del festival en la primavera y los miembros del comité estuvieron encantados con la idea, dijo él.

"Fue muy agradable que consiguieron las banderas de todos los países, dijo Margaret Oberst, que fue con su esposo, Eugene. Ambos van a Misa en la Iglesia de la Anunciación que junto con San Miguel y Nuestra Señora de las Américas es un sitio de culto de Sta. Francisca Javier Cabrini

"Como parroquia tenemos muchos ministerios para ayudar al barrio", dijo ella. "Esta Misa es una buena manera de mostrar nuestra fe"

El comité del festival estuvo complacido con la respuesta a la Misa ya que asistieron unas 150 personas, dijo Mario Escalante, un miembro del comité.

"Ha sido un éxito en todo sentido", añadió él.

Al igual que el festival provee comida, música y diversión y un lugar seguro para los vecinos de la iglesia, la comunidad parroquial necesita ofrecer un aspecto espiritual también, dijo Escalante.

"Lo espiritual que se necesita en esta comunidad, la Misa nos ayuda con eso", dijo él.

"Las tres parroquias (la Anunciación, San Miguel y Nuestra Señora de las Américas) se hallan en una posición estratégica de influencia", añadió el Padre Werth. "Vemos el potencial, el potencial en cada persona".

El Diácono Agenol Rodríguez también alentó a los asistentes a la Misa en exteriores — que incluyó a personas de todos los sitios de culto de la parroquia — a que fueran lo más acogedores posible durante el Festival del Barrio.

Él dijo que los que estaban trabajando en el festival o los que estaban reunidos en el mismo no debían rechazar a nadie por su apariencia ni por su provenencia. Los verdaderos cristianos no deben condenar a las personas por sus vicios o adicciones sino ayudarlos a ponerse un traje nuevo dándole la espalda a sus vicios, como pide San Pablo.

"Tenemos que ser compasivos con estas personas" él dijo.

Porque dando muestras de atención y amabilidad a esas personas, la comunidad de la iglesia les puede enseñar que ellos también pueden ser transformados por el amor de Jesucristo, dijo él.

"Enseñándoles que somos cristianos de verdad… no por lo que decimos sino por lo que vivimos", añadió el Diácono Rodríguez.

Los feligreses que fueron a la Misa dieron testimonio de su fe por el simple hecho de dejar sus casas y venir a "La Avenida", dijo el Padre Werth.

"Creemos en este barrio", dijo él. "Creemos que el desierto se puede convertir en un huerto. Creemos que va a florecer. Y queremos hacer algo para hacer que la comunidad sea mejor".

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