¡El justo vivirá pr su fe!

Las lecturas de los próximos domingos hasta el vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario, nos hablan de una fe basada en la justicia y el amor. Ahora consideremos el significado de justicia: Virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde. Derecho, razón, equidad. De acuerdo a este significado es tratar a cada persona según su derecho como persona, independientemente de raza, color, estatus social, situación migratoria, nadie está por encima del otro u otra. En el caso de nosotros los cristianos es tratar al otro o la otra de acuerdo a su dignidad como Hijos de Dios. El dinero es tan importante para poder vivir, pagar vivienda, comprar víveres, pagar los gastos de la casa, los gastos médicos, etc. El problema con el dinero es cuando se torna más importante que el prójimo y nos lleva cometer injusticias. El profeta Amos truena fuertemente en contra de esta realidad, que lleva al hombre (cuando uso la palabra hombre las escrituras se refieren al hombre y la mujer; homo sapiens) a cometer injusticias contra sus hermanos. Así que hay de aquel comerciante que cobra precios altos para enriquecerse y no lo justo; hay de aquel abogado que se aprovecha de la situación del necesitado y en base a mentiras se enriquece; hay de aquel doctor que no se esfuerza por la total salud de sus pacientes y alarga el tratamiento así causando graves consecuencias; hay de aquel que construye una casa cobrando los mejores materiales y luego comprando los más baratos para quedarse con más dinero; hay de aquel que explota a sus empleados exigiéndoles largas horas de trabajo y no pagando el sueldo y los beneficios justos, hay de aquel gobierno que no provee buenos servicios de salud y empleos y luego se embolsican el dinero del pueblo, etc. El profeta detalla estas y otras faltas y anuncia la condena de Dios, "No olvidaré jamás ninguna de estas acciones." Quiero que estemos claros que las personas que cometen estas injusticias, se ganan su propia condenación. Cuando Dios nos advierte sobre diferentes desastres es para que no caigamos en ellos. Las profecías se anuncian para que no se cumplan, está de nosotros que se cumplan o no.

Es en la oración por estas y muchas otras injusticias que Pablo nos pide; "Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, suplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido." Es en la oración insistente por los demás que el Señor atiende nuestras suplicas, pero nosotros oramos sin fe y con muy poca insistencia. Debemos recuperar la devoción a orar ante el Santísimo Sacramento del Altar y el santo rosario. Busquemos en nuestras parroquias qué días se hace la adoración al santísimo y si no hay, pidamos permiso al pastor o administrador parroquial para hacer un grupo de oración ante el santísimo. La madre Teresa de Calcuta no emprendía ninguna tarea sin primero orar con sus hermanas ante el santísimo. Ya vemos las grandes obras que en su vida logró con la ayuda de Dios y su fe. Dicho sea de paso la fe es un don de Dios, si el no la otorga no la tendremos. La oración por excelencia que es el santo rosario tan recomendado por Juan Pablo II no debe separarse de nosotros (en mi país se le llama el fuete para Satanás). Recordemos las palabras que nos dice el Evangelio de Lucas, "Pues lo que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz." Recordemos que el Señor solo quiere que nos salvemos por medio de nuestra fe y nuestras obras santas. Porque, "no pueden ustedes servir a Dios y al dinero."

El cristiano que tiene el don de la fe no se preocupa por sí mismo, sino que busca el bien para el otro. Dios ya sabe lo que necesitamos y le hemos pedido con fe. Recordemos esa recomendación de San Pablo a Timoteo (y a nosotros), "Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre." Al vivir según estas virtudes creceremos cada día más en santidad y justicia, en fin a esto es lo que estamos llamados y llamadas. El relato del rico Epulón nos narra lo que sucedió con este joven rico y Lázaro. Las acciones de nuestra vida tienen consecuencias para nosotros en el reino eterno. Pidamos el espíritu que el Señor nos promete por medio de las palabras se San Pablo para que crezcamos en santidad y justicia; "el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación." Ahora porque moderación, para que no vivamos una vida desenfrenada en los placeres y para que seamos justos con los demás. Nuestras palabras no deben ser guiadas por intereses de hombres (los falsos profetas entre nosotros), "Conforma tu predicación a la sólida doctrina que recibiste de mí acerca de la fe y el amor que tienen fundamento en Cristo Jesús." Es una fe que habla de Jesús y de su justicia y esa misma fe nos llevará a hacer igual que aquel leproso que volvió a dar gracias.

En el quehacer cristiano por los demás nosotros siempre debemos elevar nuestra oración de acción de gracias al maestro y Señor. Oremos y trabajemos por la justicia en nuestro país y en nuestra sociedad. Es la tarea del cristiano demostrar su fe por medio de sus obras por el bien de aquel o aquella que no tiene quien lo defienda (los desamparados). Es fácil ir por la vida quejándose y pensar ese no es mi problema, yo tengo mis propios problemas. Jesús nos enseñó con su ejemplo que Él obraba por el bien del otro y confiaba que el Padre se encargaría de las necesidades de Él. Recordemos las palabras del profeta Habacuc, "El justo, en cambio, vivirá por su fe." Le ruego al Señor Dios todopoderoso que ustedes y yo lleguemos a ser justos como Dios desea.

¡El Señor y María los bendigan hoy y siempre!

El Hermano Lozada, CSJE, es el director del Apostolado Hispano de la Diócesis de Rochester y del Instituto de Pastoral Hispano en la Escuela de Teología y Ministerio San Bernardo.

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