La devoción a Ntra. Sra. de Altagracia perdura

ROCHESTER — La devoción a Nuestra Señora de Altagracia, la Protectora de la República Dominicana es tan fuerte que algunas personas le hacen promesas a la Virgen y caminan de rodillas hasta la basílica en su honor en la ciudad de Higüey.

Rosa Estrella explicó la devoción después de la Misa anual en honor de Nuestra Señora de Altagracia celebrada el 20 de enero en la Iglesia de los Santos Apóstoles. Estrella fue una de los muchos nativos de la República Dominicana que fueron a la misa, incluyendo a Amada Belliard y su nieta de 9 años, Kiara Belliard. El dúo llevó la imagen de la Virgen de Altagracia durante la procesión de entrada y la colocó en el altar. Patria Reyes llevó la bandera de la isla que fue colocada alrededor de la imagen.

"Siempre hemos tenido esta tradición" de honrar a la Virgen de Altagracia con Misas y rosarios, dijo Amada Belliard, quien añadió que Altagracia es su segundo nombre.

Y la protección que María brinda a los fieles es la razón por la que esas devociones son tan importantes. Carlos González, un seminarista de la Diócesis de Ponce, Puerto Rico que está aquí de visita, dijo en su homilía: "Somos hijos de la Virgen y como cristianos católicos tenemos que venerarla, amarla, defenderla y pedirle siempre su bendición y protección", él añadió. "Como madre de Dios y madre nuestra".

La República Dominicana tiene una doble bendición en lo referente a la Virgen María, añadió. No solo Nuestra Señora de Altagracia es la protectora de la isla, sino que Nuestra Señora de la Merced es la patrona del país.

"Es un regalo para todos", dijo. "Para los dominicanos como para todos nosotros".

Él les pidió a las casi 100 personas reunidas ante él que les abrieran sus corazones a Altagracia porque ella es también una madre que nunca abandona a sus hijos.

"(María) es el puente entre Dios y nosotros", dijo González. "Ora por nosotros, intercede por nosotros, intercede por nuestra iglesia.

Durante la convocación que siguió a la Misa, González dijo que él había sido muy afortunado porque la comunidad latina de la Diócesis de Rochester lo había recibido muy calurosamente. Nativo de Salinas, Puerto Rico, él vino a Rochester el año pasado para visitar a un primo y recibir tratamiento médico en el Hospital Strong debido a una condición que está mejorando.

Él espera volver a Puerto Rico este año para continuar sus estudios.

Él conoció por primera vez a los feligreses de San Miguel durante retiros a los que participó en esa iglesia, según explicó. Algunos de los fieles que lo oyeron predicar durante esos retiros le pidieron que diera la homilía para la Misa de Nuestra Señora de Altagracia, dijo él.

"Por la gracia de Dios, me siento como si estoy con mi familia", comentó González. "Es una experiencia maravillosa compartir con una comunidad que me ha abierto los brazos como para un miembro de su familia".

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