La Misión se concentra en el cuerpo místico de Cristo

ROCHESTER — Los humanos nacen con una dignidad singular, ya que son creados a imagen y semejanza de Dios.

Pero a menudo sus acciones no concuerdan con este aspecto esencial de su ser, dijo el Padre Rafael González Ayala durante su predicación de casi dos horas la primera noche de la Santa Misión anual de una semana de duración del 20 al 24 de agosto.

Cuando personas que se dicen cristianas se alejan de Dios, son como personas atrapadas en jaulas demasiado pequeñas para la persona que debe entonces torcer su cuerpo para caber, explicó el Padre González, párroco de la Iglesia Cristo Rey en Corozal, Puerto Rico.

"Muchos cristianos por abandonar a Dios andan diagonal", dijo él. "No tienen estructura. No tienen fuerza. … La fuerza de Dios te da esta dignidad".

A medida que el Padre González hablaba su voz hacía eco en las calles alrededor de la Iglesia San Miguel mientras que él hablaba desde una pequeña tarima colocada en la esquina de las avenidas Clinton Norte y Clifford. Una estatua de Nuestra Señora de la Providencia, patrona de Puerto Rico, estaba cerca de la plataforma.

El Obispo Mateo H. Clark celebró la Misa de clausura de la Santa Misión que tuvo por tema "La Iglesia Cuerpo Místico de Cristo: ¿Somos la Vid Verdadera?"

La Misa de clausura fue bella, dijo Ray Pérez, un feligrés de Santa Francisca Javier Cabrini que asistió a casi toda la misión. Él celebró al Padre González por respetar el tema durante toda su predicación.

"Él explicó claramente nuestro papel como feligreses, el papel de nuestros sacerdotes como párrocos y el papel del obispo como cabeza de los párrocos", dijo Pérez.

Pérez y Alberto Rodríguez, otro feligrés de Santa Francisca Javier Cabrini, dijeron que ellos también habían apreciado el estilo sencillo del Padre González y sus cuentos, especialmente uno sobre un carpintero y como cada una de sus herramientas jugó un papel importante en el producto terminado.

"Al ponernos al servicio del Señor, aún con nuestros aparentes defectos ayudamos a construir el Reino de Dios", dijo Rodríguez en un correo electrónico. "No olvidaré tampoco su invitación a la "inventiva espiritual". Verdaderamente tenemos la responsabilidad como laicos de poner nuestra creatividad al servicio del Espíritu para atraer a nuestros hermanos y nuestras familias al Señor"

El Padre González también habló de las observaciones que ha hecho de cómo los feligreses de su propia iglesia se tratan en Puerto Rico. Si una persona nueva trata de ayudar, la tratan como intrusa en vez de darle la bienvenida como miembro del cuerpo de Cristo, dijo él.

"No he encontrado más bochinche ni más revolú que en la iglesia", dijo el Padre González mientras que la asistencia de más de 70 personas se rió.

"El Padre González nos aconsejó que no perdiéramos tiempo quejándonos por pequeñeces y echándonos la culpa mutuamente", dijo Pérez.

Como el Padre González no se interesó en la espiritualidad hasta tarde en su vida él quiere ayudar a aquellos que vuelven a la iglesia. Él no recibió la primera comunión hasta los 19 años y fue confirmado un año más tarde. A los 21, él entró en el seminario.

"Yo no conocía nada de la iglesia", dijo el Padre González. "Ni sabía que cuando el sacerdote dice: ‘El Señor está con Uds’ se responde con ‘Y con tu espíritu".

A medida que él aprendió más, el Padre González dijo que se dio cuenta que tenemos que tener paciencia los unos con los otros y respetar donde cada uno está en su jornada espiritual.

"Vamos a fijarnos en lo que el Padre quiere encontrarse con su pueblo", añadió él "Porque Dios no se avergüenza de llamarnos sus hermanos".

Como hermanos y hermanas en Cristo, debemos caminar con la cabeza en alto, dijo el Padre González.

Pero demasiado a menudo, los cristianos en la sociedad moderna están rodeados por negatividad y olvidan su dignidad humana, añadió él. Deben recordar que la Sangre de Cristo fue derramada para que pudiéramos vivir con dignidad y que debemos pagar esa deuda.

"Con ella (la sangre) nos rescató", dijo él. "Con ella, nos salvó. … El precio de la sangre del Señor que no tiene precio".

El Padre González urgió a los que estaban reunidos con él a compartir este mensaje con todos los que encontraran en sus iglesias y comunidades para apoyarnos los unos a los otros en todo momento.

"No podemos atropellarnos a nosotros mismos", dijo él. "Lo que le duela a un cristiano le debe doler a todos".

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