Mantener nuestra mirada en Dios y en su infinita misericordia

Entramos al Quinto Domingo de Cuaresma, ya preparados a través de la oración, el ayuno y la penitencia. Hemos preparado nuestro corazón para glorificar al Hijo del hombre como nos lo describe el evangelista Juan (Jn 12: 20-30), " Quisiéramos ver a Jesús"(Jn 12:21); muchos de nosotros también quisiéramos ver a Jesús, pero estamos "ciegos", nuestra mirada está puesta en nuestras necesidades, en nuestros problemas y situaciones y no nos permite verlo, no nos damos cuenta de que siempre ha estado ahí a nuestro lado, pero no lo vemos pues la montaña de problemas y situaciones es muy alta y no alcanzamos a verlo.

No le digas a Dios cuán grande es el problema, sino dile al problema "Cuán grande es Dios".

El Domingo de Ramos recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Para los cristianos ésta representa la alegría del Salvador; y para Jesús, representa la entrada al sacrificio, a la entrega, a su Pasión para redimir nuestros pecados. Ya se acerca el momento que Dios preparó.

Entramos a lo que llamamos la Semana Mayor, la Semana Santa, donde comenzamos el Triduo Pascual que nos lleva por el camino que Jesús recorrió para salvarnos; desde la Última Cena en Jueves Santo que representa la institución de la Eucaristía hasta su triunfante resurrección.

En esta semana vamos junto a Jesús con nuestros corazones llenos y allí en el calvario entregamos todo para ser liberados. Jesús entregó su cuerpo, alma y divinidad por cada uno de nosotros para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Y en cada Eucaristía que se celebra recordamos su amor y su misericordia.

El Viernes Santo representa el día de recogimiento espiritual, recordamos las últimas siete palabras de Jesús abatido, adolorido, cansado pero con su mirada puesta en Dios. A las tres de la tarde, hora de su muerte, meditamos en silencio su muerte donde Jesús lo dio todo y que salió sangre y agua de él como manantial de misericordia para nuestra salvación.

El sábado esperamos en recogimiento y con ansias su gloriosa resurrección, donde venció la muerte y también todos los pecados del mundo, allí en la Cruz donde se acaban todos los sufrimientos, todos los dolores y se cumple la palabra de Dios y su nueva alianza

El Domingo de Resurrección, "Jesús está VIVO", "Aleluya", venció la muerte, como nos lo describe el evangelista Juan ( Jn 20:1-9), encontraron el sepulcro vacío, resucitó de entre los muertos, ¡qué alegría! Celebramos con alegría somos salvos.

El segundo Domingo de Pascua celebramos el día de la "divina Misericordia." El Evangelio de Juan ( Jn 20;19-31) nos presenta a Jesús mostrándose en cuerpo a sus discípulos que están asustados y dice, "la paz esté con ustedes", les deja ver y sentir su infinita misericordia, realmente nos deja saber que está entre nosotros, pero muchos somos como Tomás que tenemos que ver para creer, pero tenemos que abrir nuestros ojos para poderlo ver y decir "Señor mío y Dios mío".

Que la divina Misericordia toque cada corazón en este tiempo y sientan su infinita misericordia, podamos mirarlo y decirle "Señor misericordioso, en ti confío".

Dios les bendiga en Cristo Jesús.

Roche dirige un ministerio para adultos jóvenes en la Iglesia Santos Apóstoles.

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