Para Dios nada es imposible

Todos los años la Cuaresma comienza con la imposición de cenizas. La ceniza no es sino un símbolo de muerte que indica que ya no hay vida ni posibilidad de que la haya. Pero este símbolo que carece de vida debe ser para nosotros los cristianos un símbolo de esperanza. En el A.T. Yahvé Dios tomo unos huesos secos sin vida y los cubrió de nervios, músculos, tejidos y les dio vida. El ángel Gabriel le explica a María en la anunciación sobre el hijo que concebirá en su vientre y como Dios hace todas estas cosas maravillosas que rebasan el entendimiento humano y científico, porque “para Dios nada es imposible” (Lc 1, 37). Así que Dios no nos pide cosas imposibles, sino que es el hombre y la mujer quienes las determinan imposibles.

El sentido de la Cuaresma es el de una actitud interior. Es interiorizar en nuestra vida hasta éste momento y meditar que cosas debo corregir para alcanzar la santidad por medio de la reconciliación con el Señor y con nuestros hermanos. Es un detenerse, un cambiar de ruta entrar en el desierto, un cambio de actitud, un cambio de prácticas, un cambio de rutinas, un desprenderse de aquello que nos ata. ¿Preguntarán a qué se refiere el hermano con eso de que nos ata? Hay muchas cosas que nos pueden atar, de las cuales nos hacemos esclavos, dependientes, sin las cuales pensamos que no podemos vivir. Las pasiones tales como la lujuria (el deseo sexual desenfrenado), la vanidad, el egoísmo, el odio, los rencores, la indiferencia, el chisme, las novelas, el licor, las modas, los deportes (ej. el futbol), etc. Todas estas cosas se hacen más importantes que Dios en nuestras vidas y la eucaristía se torna en algo secundario, obligatorio. El dilema está en que al interiorizar en nuestro corazón encontramos las cosas feas que tenemos escondidas y nos resistimos a entrar y “limpiar la casa”. Para hacer una limpieza total, hay que desprenderse de esas cosas a las cuales estamos atados y tirarlas a la basura. La ceniza es el inicio de nuestro camino hacia esa limpieza interior que nos llevará finalmente a la reconciliación con Dios y con los hermanos el día de Pascua de Resurrección. Como decía el Beato Carlos Manuel (Charlie) Rodríguez, “Vivimos para esa noche”; ¿y cuál es esa noche? Es la noche de la Vigilia Pascual cuando Jesús resucita y nos resucita a nosotros de nuestras faltas, del pecado, de la muerte…

La Iglesia nos exhorta a intensificar en estos días nuestra vida de oración, ayuno y limosna. Podríamos decir, “es que yo no tengo dinero para limosnar”, pero puedes dar tu tiempo, el que Dios te da gratis. Es en este tiempo que estamos llamados a aumentar nuestras obras de caridad, de misericordia, de piedad, de compasión. Otra objeción sería es que yo tengo una condición que no me permite ayunar (como la diabetes), entonces sigue la dieta al pie de la letra según te la indico tu doctor o dietista. También abstente de algún alimento que te gusta mucho y comes a menudo, abstente de la murmuración (el pecado de la lengua) o el chisme, el bochinche. Muchas personas se condenan por este pecado.

San Pablo nos exhorta a que debemos remendar lo que está roto, “los exhortamos a no echar su gracia en saco roto” 2Cor 6, 1.  ¿Qué es lo que está roto en tu vida? ¿Estás viviendo un divorcio espiritual en tu matrimonio? ¿Acaso estas enojado o enojada con un familiar, están en guerra, existe odio entre ustedes? Que esta Cuaresma no sea otra más, debemos recordar las palabras del libro de Deuteronomio, “Por eso ahora yo traigo aquí las primicias de la tierra que tú, Señor, me has dado” (26, 10). Nuestra oración y acción de gracias debe ser siempre primero para Dios uno y trino. El Evangelio nos habla de las tres tentaciones de Jesús a manos del diablo. Es en estas tentaciones donde cobran sentido las prácticas cuaresmales de ayuno (“No sólo de pan vive el hombre”), limosna (“Adorarás al Señor tu Dios, y al Él sólo servirás”), oración (No tentarás al Señor, tu Dios”). Jesús tenía hambre y fue tentado en base a la necesidad física de alimento, fue tentado por el deseo de  poseer poder y riquezas, y finalmente fue tentado como Dios cuando el diablo le pide una muestra de su poder (en la oración nosotros también pedimos y podemos tentar a Dios). Solo por medio de una oración activa, el sacrificio de ayuno, abstinencia y el limosnar de las riquezas que Dios nos ha regalado, podremos entrar en esa reconciliación íntima con Jesús en esta Cuaresma. Parece imposible pero solo nosotros somos los que hacemos las cosas imposibles porque “para Dios nada es imposible”.

Ruego al Señor que en esta Cuaresma ustedes y yo verdaderamente busquemos y gustemos las cosas de arriba. Porque los tres enemigos del alma, el mundo, el demonio y la carne están al asecho. Pido a María nuestra santísima madre que nos cubra con su manto y nos guíe en esta Cuaresma a la reconciliación con Dios, con nuestro prójimo y nuestro próximo que es nuestra familia. Que el Cristo que murió en la cruz para salvación de todos los hombres y mujeres, aumente en nosotros la fe, la esperanza y la caridad. Que María sea la guía de nuestra vida a la patria eterna. Recordemos siempre que polvo somos y al polvo volveremos.

¡El Señor y María los bendigan hoy y siempre!


El Hermano Lozada, CSJE, es el director del Apostolado Hispano de la Diócesis de Rochester y del Instituto de Pastoral Hispano en la Escuela de Teología y Ministerio San Bernardo.

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