Ten fe, viajarás

"Ten fe, viajarás" es usualmente lo último que le digo a alguien cuando terminamos de discutir algo grande.

Encuentro que eso es también cierto de las lecturas del evangelio que se me han confiado para que reflexione sobre ellas. Jesús reitera, refuerza y reenfoca a sus discípulos y a nosotros para que sepamos que tenemos FE.

El Evangelio del 5o Domingo de Pascuas de Resurrección encuentra a Jesús diciendo a sus seguidores que es en él en quien tenemos que tener fe y a través de él podemos encontrar, ver, oír y sentir al Padre. Sin embargo, la duda siempre surge, incluso cuando la verdad está frente a nuestras caras.

Felipe con total naturalidad le pregunta a Jesús, "Señor, muéstranos al Padre, y eso será suficiente para nosotros", ¡REALMENTE!

Lo que le pasó a Felipe es lo que pasa a muchos de nosotros hoy día. Tenemos que darnos cuenta de que nuestra fe no es sólo en Jesucristo y lo que él significa para nosotros sus seguidores, sino también que él verdaderamente es el verdadero camino y la verdad que conduce al Padre.

En tratar de vivir lo que creían y entendían, el 6o Domingo de Resurrección les encuentra teniendo que aceptar la partida de Jesús. Simplemente me pregunto: ¿Qué sintieron sus corazones, qué revelaron sus ojos, qué realmente escucharon sus oídos? Su fe estaba siendo puesta a prueba, una vez más, con nuestro Salvador tratando de dejarles saber que se iba, y esta vez para siempre. Es asombrosa la gracia que se dio a estos hombres humildes, que estarían sin el hombre físico de Jesús, y todo lo que él representaba.

Sin embargo, ¿no somos también como ellos? Tenemos tanto que nos rodea que es evidencia de ese gran don, que es Dios Padre, Dios Hijo y Dios el Espíritu Santo. Tenemos que hacer uso de esta gracia que se nos ha concedido cada día, la misericordia que se nos muestra cada día y ciertamente la fe para experimentarlo todo.

Una de las cosas más bellas que tenemos como católicos y creyentes en el Cristo resucitado es la misión de ser una iglesia sacramental.

Nuestro 7o Domingo de Resurrección nos permite escuchar a Jesús orando. Es una oración que nos permite ver realmente la misión de Jesús: que la humanidad llegue a conocer a un único Dios verdadero. Debemos llegar con fe, a la realización de que a través de Jesucristo y lo que hizo por nosotros es y fue la forma extrema de amor. ¿Cómo es esto sacramental? Es a través de la misión dada a los discípulos, la verdad de Jesús, y lo que hizo por nosotros, su muerte y resurrección, que continuamos glorificando, alabando y celebrando (nuestros sacramentos) y luego compartir sus palabras, pensamientos y acciones. Somos la Eucaristía viviente, el centro de nuestra fe y una que no debe ni puede ser contenida. Ésta es nuestra fe y nuestra misión como seguidores bautizados de Jesús.

Llegamos a una celebración muy gloriosa, llena de vigor y representativa de vida: Domingo de Pentecostés. Es interesante que volvamos al día en que Jesús es resucitado y está en medio de sus discípulos. Ellos encuentran la paz no porque eso fue lo primero que él dijo, sino porque él se encuentra allí con ellos y se sienten seguros. Ésta es una gracia asombrosa y realmente la muestra de un amor muy profundo junto con el DON: el del Espíritu Santo. Pero con éste viene la tarea de seguir adelante, poniendo su fe en acción, trayendo paz a otros que viven en conflicto, en discordia familiar, viviendo injusticias y cosas por el estilo.

Nosotros también somos llamados a afirmar nuestro bautismo a través de los dones y frutos que se dan al recibir la Confirmación y el Espíritu Santo. Nuestra responsabilidad no es quedarnos con esto para nosotros mismos solamente. Tenemos que ser como los discípulos al recibir el Espíritu. Abracémoslo, llamémosle, roguemos por su ayuda. Usemos lo que Pentecostés significa, relativo a nuestra fe: ser un pueblo que forja la paz, amor, esperanza y perdón todo en el nombre del que murió por nosotros.

Y para terminar, llegamos al Domingo de la Santísima Trinidad. Aquí, para nosotros, nuestro enfoque debe ser en lo que San Juan dice. Dios amó tanto a su mundo que envió a Jesús, su único hijo para salvarnos. Nuestra fe necesita enfocarse del todo en esto. El amor de Dios sin límite. Su misericordia duradera, Su deseo de darnos vida eterna entre muchas otras cosas que nos da. Nada es mejor que esto. ¿No es ésta la base de nuestra fe cristiana? ¿No es esto por lo que tratamos de vivir?

¿No es esto lo que queremos que nuestros niños lleven consigo al conocer de la Trinidad y lo que representa? Dios nos llama para que vivamos una vida plena, con él acompañándonos en el viaje. Pero no debemos olvidar que con la fe, viajaremos mucho más lejos.

Núñez es director de formación de la fe en la Parroquia Santos Apóstoles en Rochester.

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