Un nuevo caminar

Comenzamos un nuevo año natural y a la vez un nuevo año litúrgico. Comenzamos con nuevos sueños y nuevas metas, que tomadas de la mano de Cristo Jesús encontrarán puerto seguro.

Dios siempre guía nuestros pasos, aún en los momentos difíciles que estamos viviendo, pero si nos dejamos guiar por la palabra de Dios, siempre habrá una salida.

En el primer domingo del tiempo ordinario el evangelista Juan (Jn; 2, 1-11) nos presenta lo que fue el primer milagro de Jesús en la boda de Caná, María ve la necesidad en aquel momento e intercede; Jesús le dice que no es su hora todavía pero María conociendo el corazón de su hijo les dice "Hagan lo que él les diga".

Constantemente en nuestras vidas carecemos de muchas cosas importantes, lo cual nos hace dudar, nos hace perder la fe, pero al igual que en las bodas de Caná María intercede, y aunque no sea el momento, aunque todo parezca imposible María insiste en nosotros a "Hacer lo que él nos diga".

Si realmente hacemos lo que él nos dice y nos dejamos guiar por su voz y su palabra, Jesús comienza a realizar ese milagro, ese cambio que tanto anhelamos en nuestras vidas y corazones. Pero muchas veces nuestros oídos y nuestros ojos están cerrados y cegados por los problemas y situaciones y no nos damos cuenta que sí hay una luz al final del túnel, sí hay una salida solo tenemos que hacer lo que él nos dice.

Muchas veces Jesús nos habla, ya sea a través de algo o alguien pero lamentablemente no nos damos cuenta de que él sí quiere cambiarnos, él quiere realizar ese milagro; solamente tenemos que confiar y él y hará grandes cosas en nuestras vidas.

En el III y IV domingo del tiempo ordinario en el Evangelio de Lucas, ( Lc; 1, 1-4, 4; 14-21)y ( Lc; 4,21-30) Jesús se refiere a la lectura del Profeta Isaías , "El espíritu de Dios está sobre Mí", todos estaban fascinados al escucharlo pero no entendieron; Jesús se presentaba y no lo reconocieron.

Jesús se presenta de muchas maneras en nuestras vidas pero al igual que aquellos en la sinagoga no le reconocemos, no nos damos cuenta de que siempre ha estado a nuestro lado. Jesús dijo: "Nadie es profeta en su propio pueblo"; muchos se llenaron de ira y lo echaron del pueblo. Muchas veces también nosotros echamos a Jesús fuera de nuestras vidas, de nuestros hogares porque estamos llenos de rencor, ira y desesperación.

Por eso Jesús camina a nuestro alrededor enseñándonos desde la barca como en el evangelio del quinto domingo del tiempo Ordinario ( Lc,5; 1-11), "La Pesca Milagrosa". Jesús nos invita a llevar nuestra barca vacía allá a lo más profundo, allá donde muchas veces está desolado, vacío como muchos de nuestros hogares, como muchos de nuestros corazones , pero Jesús nos invita nuevamente a creer en él y a confiar. Pedro estuvo pescando toda la noche sin coger nada pero Jesús le dijo que echara las redes de nuevo y Simón le dijo, (Lc,5,5), "pero si tú lo mandas echaré las redes".

Tratamos una y otra vez de resolver nuestras situaciones, lo intentamos muchas veces sin éxito y Jesús llega y dice, "lleva la barca a lo más profundo y tira las redes", tenemos que confiar e ir allá a lo más profundo de nuestros corazones, allá a lo más profundo de los corazones de aquellos que amamos y son importantes para nosotros, allá a los que están hundiéndose en lo más profundo y realizar la pesca más grande y lanzar las redes para capturar todo aquello que se ha perdido – nuestros valores más profundos, pescar nuestros hogares, nuestros matrimonios, nuestros hijos y todos esos sueños que hemos dejado porque nos cansamos de tratar. Allá es que Jesús quiere que vuelvas y lo intentes una vez más, pero ahora confiado en que esta vez no vas solo sino de la mano de aquel que todo lo puede, de aquel que conoce donde están los peces, donde está lo que tú necesitas.

Lamentablemente las tentaciones del mundo nos alejan de nuestras metas y sueños, nos dejamos dominar fácilmente porque no estamos preparados, pensamos que somos autosuficientes.

Entrando ya al tiempo de cuaresma, tiempo de meditación, conversión y penitencia, ese momento especial como nos lo presenta el evangelio del primer domingo de Cuaresma, (Lc,4, 1-13), Jesús fue llevado por el Espíritu para ser "tentado" pero realmente Jesús fue llevado al desierto para ser "preparado". Pero, ¿preparado para qué? Estar preparado para enfrentar lo que se iba a encontrar en ese mundo en el cual él iba a cumplir la voluntad del Padre. El era Dios pero asumió la encarnación, la forma de hombre y tenía que preparase para vencer las tentaciones, estar alejado del pecado, concentrado en su misión.

En este tiempo de Cuaresma Dios quiere que te "prepares ", porque El más que nadie sabe lo que tú necesitas para salir adelante, para cumplir tus metas, pero tienes que meditar. Un edificio no se puede construir sin un plano. Tienes que meditar hacia dónde vas en la vida y Dios te da el plano perfecto, su Palabra. La Palabra de Dios que es vida y es real. Jesús venció al enemigo con la Palabra de Dios (Lc; 4,12). La Palabra también dice, "no tentarás al Señor tu Dios". Jesús conocía la Palabra, no pudo ser engañado porque sí la conocía, el enemigo atacó a su conveniencia con la Palabra pero fue silenciado con la misma Palabra, porque la Palabra de Dios no miente y es la mejor arma para el cristiano.

Yo te invito a aprender más y más de la Palabra de Dios, a leerla con detenimiento, a meditarla en lo más profundo de tu corazón. En esa Palabra están las instrucciones para ser feliz, para lograr tus metas y está el plano para guiar tus pasos.

Ruego para que en esta Cuaresma la Palabra de Dios llegue a lo más profundo de tu corazón y te prepare para una verdadera conversión, que Jesús sea el centro de tu vida, de tu hogar y de tu corazón y que puedas ir allá a los más profundo y te conviertas en pescador de hombres en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Julio Roche dirige un ministerio para adultos jóvenes en la Iglesia Santos Apóstoles.

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