Una parábola de los trabajadores de McDonald’s

Una vez había una nueva franquicia de McDonalds que se abrió en una carretera con mucho tráfico. El dueño empleó a 10 trabajadores y les prometió que iba a pagarles el salario mínimo legal de 8 dólares por hora. El día de la apertura, todos tenían mucho entusiasmo y había globos rojos dondequiera.’

A mediodía, había tantos clientes que fue necesario que el dueño consiguiera ayuda. Él fue a la oficina de trabajadores por día (jornaleros) y contrató a 5 más, prometiéndoles un salario justo.

Al final del día, los jornaleros recibieron un cheque por $60. Era 15 dólares por hora por cada hora que ellos trabajaron.

El día siguiente, los empleados regulares fueron al dueño, quejándose de que los jornaleros recibieron un cheque por casi igual al pago de ellos, aunque los jornaleros solamente habían trabajado la mitad del tiempo que ellos. El dueño se defendió, diciendo que los empleados recibieron un pago basado en los 8 dólares por hora del salario mínimo legal que él les había prometido. Los jornaleros recibieron un salario de 15 dólares por hora, un pago justo porque ellos y los empleados tenían la misma necesidad de dinero para mantener una familia. Actualmente, el pago mínimo legal no es justo, porque no es adecuado para mantener una familia en la economía de hoy. La lección es que un salario mínimo legal no tiene que ser justo para ser legal.

También hay muchas otras cosas en la vida que son legales pero no son justas. (Lo contrario también es correcto; todo lo justo no es siempre legal, ej., el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King.) La mayoría está en el área de la economía donde el deseo de poseer y adueñar en la sociedad de consumo produce mucha pobreza y sufrimiento.

Esta parábola refleja en las circunstancias modernas unas de las mismas enseñanzas de los evangelios de estos tres domingos.

Domingo 25 – Mateo 20:1-16: Todos los trabajadores tienen las mismas necesidades.

Domingo 26 – Mateo 21:28-32: Lo que cuenta con Dios es hacer su palabra, no sólo decirla como los ancianos.

Domingo 27 – Mateo 21: 33a-43: Los ancianos eran como los labradores que mataron al hijo del terrateniente cuando vino a recibir la parte de la cosecha que le correspondía.

En la sociedad agrícola del Imperio Romano hubo una desigualdad enorme entre la gran mayoría de los campesinos y la élite pequeña que vivía en las ciudades. ¿Es muy diferente de la desigualdad enorme entre los dueños de la sociedad en nuestro tiempo y la gran mayoría de la clase obrera?

El Padre Tracy sirve como sacerdote mayor con la parroquia Santa Francisca Javier Cabrini.

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