Ve y profetiza a mi pueblo

En el plan de Dios "Él nos eligió en cristo". San Pablo en la carta a los Efesios establece claramente que la salvación es en Cristo (esta frase aparece seis veces en el primer capítulo) y que ese siempre ha sido y es el plan de Dios desde antes de crear al mundo. Ante ese llamado que nos llega por medio del bautismo donde somos instituidos sacerdotes, profetas y reyes, es que el profeta Amos nos explica su llamado a profetizar y nos debe interpelar a hacer lo mismo. Aunque al igual que Amos no nos consideremos profetas y digamos "es que yo no se predicar", tenemos la responsabilidad bautismal de profetizar con nuestras vidas y siempre llevar el nombre de Jesús a flor de labios. Debemos siempre pedir al Espíritu Santo que nos enseñe a ver los momentos de Dios en nuestras vidas y no casualidades (las cuales no existen).

El evangelio de Marcos nos explica, qué fue lo que Jesús envió a los discípulos a predicar, "el arrepentimiento". Como predicador no es mi tarea predicar cosas bonitas que le agrade a la gente, es mi tarea predicar conversión y arrepentimiento. ¿Cuántos de nosotros verdaderamente pedimos perdón no solo por nuestros pecados sino los pecados de mis hermanos (cuando me refiero a hermano es "homosapien", hombre y mujer)? El llamado de Jesús a sacerdotes y a laicos por igual es alcanzar la sanación mental, física y espiritual de los demás.

Jeremías nos advierte "¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas de mi rebaño!", es una responsabilidad que exige entrega. Esta exigencia de cuidar el rebaño es más fuerte para los pastores o sacerdotes, porque Lucas nos dice, "Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho". El ser pastor no es un derecho por haber estudiado y haberse preparado más, sino es un privilegio. El título del Papa es servidor de los servidores de Dios y si el Papa viene a servir a imitación de Cristo, también los pastores están llamados a servir, no a servirse. Ahora bien eso no quiere decir que nosotros por no ser pastores nos vamos a echar para atrás, nuestro bautismo que nos otorga el privilegio de ser hijos de Dios, también nos exige a acoger nuestras responsabilidades evangélicas. Estamos llamados a colaborar con nuestros pastores y trabajar para establecer el Reino de Dios aquí en la tierra. Con las responsabilidades administrativas de hoy muchas veces los pastores están limitados y nosotros al igual que ellos estamos llamados a apacentar a las ovejas. El diccionario define apacentar como: Conducir el ganado a terrenos con pasto y cuidarlo mientras pace; la vida de la Gracia, es un llamado a instruir, guiar, alimentar, calmar, etc., dentro de nuestras capacidades y nuestra formación.

Lograr ser buenos administradores de los talentos que se nos han dado por Gracia de Dios, conlleva hacer lo que nos pide Pablo en la carta a los Efesios, "Hermanos: Ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo". Estamos llamados a seguir a Jesús como la gente de su tiempo adonde Él esté y Él se compadecerá de nosotros y nos alimentará para poder lograr nuestra encomienda de ser profetas. Las Gracias que Jesús prometió a su pueblo por medio de la acción de Espíritu son sobre abundantes, al igual que la multiplicación que aun después de comer y llenarse, sobro como prometió el Señor. Recordemos las palabras de Pablo a los Efesios, que aunque vengan diferentes pastores, tenemos "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa sobre todos y vive en todos".

Pidamos al Señor de la gloria que al escuchar a nuestros pastores y escucharnos a nosotros hablar de Jesús y sus maravillas el mundo diga de Él, "Éste es, en verdad, el profeta que había de venir". Es el mismo Señor que por medio del profeta Amos nos hace el llamado, "Ve y profetiza a mi pueblo, Israel". En las lecturas que estaremos escuchando y leyendo en los próximos fines de semana el Señor por medio del Espíritu Santo y de la mano de María santísima nos pide que vayamos y profeticemos a su pueblo hispano de la Diócesis de Rochester y en el mundo.

Ruego a nuestra Señora de la Divina Providencia que nos alcance las gracias necesarias para esta tarea y nos cubra con su manto para disipar nuestras dudas y temores. Que el Arcángel Miguel y nuestro propio ángel de la guarda unidos a los santos nos defiendan de las tentaciones del mal. Adelante profeta y profetiza sin temor, anuncia el evangelio, anima a tus pastores en su vocación y oremos los unos por los otros en estos tiempos difíciles de gentes que no creen en Dios.

¡Que el Señor Jesús y su santísima madre María los bendigan abundantemente!

El Hermano Lozada, CSJE, es el director del Apostolado Hispano de la Diócesis de Rochester y del Instituto de Pastoral Hispano en la Escuela de Teología y Ministerio San Bernardo.

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