El arzobispo Gustavo García-Siller de San Antonio consuela a un grupo de mujeres en Uvalde, Texas, afuera del Centro Cívico SSGT Willie de Leon, donde los estudiantes habían sido transportados tras un tiroteo en la Escuela Primaria Robb el 24 de mayo de 2022. El arzobispo Gustavo García-Siller de San Antonio consuela a un grupo de mujeres en Uvalde, Texas, afuera del Centro Cívico SSGT Willie de Leon, donde los estudiantes habían sido transportados tras un tiroteo en la Escuela Primaria Robb el 24 de mayo de 2022. (Foto CNS por Marco Bello/Reuters)

Obispos impulsan control de armas tras ataque en Uvalde

WASHINGTON (CNS) — Varios obispos de Estados Unidos se pronunciaron en contra del fácil acceso a armas en el país tras un ataque el 24 de mayo que resultó en la muerte de al menos 19 niños y dos de sus maestros de escuela primaria en Uvalde, Texas.

“No me digan que las armas no son el problema, que la gente lo es. Estoy harto de escucharlo”, tuiteó el obispo Daniel E. Flores de Brownsville, Texas, el 25 de mayo. “La oscuridad primero se lleva a nuestros hijos y luego mata a nuestros hijos, usando armas más fáciles de conseguir que la aspirina. Sacralizamos los instrumentos de la muerte y luego nos sorprendemos de que la muerte los use”.

Estos comentarios se produjeron horas después de que autoridades en Texas dijeron que un joven de 18 años con dos armas de fuego evadió a la policía después de chocar su camioneta cerca de una escuela primaria — situada cerca de la frontera entre Estados Unidos y México — y entró al recinto escolar alrededor del mediodía armado con lo que parecía ser un rifle.

“Hubo varios agentes de las fuerzas de seguridad que se enfrentaron al sospechoso, pero pudo ingresar a la escuela donde entró en varias aulas y, desafortunadamente, disparó su arma de fuego”, indicó a CNN el sargento Erick Estrada, del Departamento de Seguridad Pública de Texas, el 24 de mayo.

Posteriormente llegó una unidad de la Patrulla Fronteriza y uno de sus oficiales disparó y mató al tirador, quien se encontraba en un salón de clases repleto de estudiantes de cuarto grado.

Además de los fallecidos, informes dicen que 15 niños resultaron heridos, así como dos agentes de la ley que inicialmente intentaron detenerlo. Las autoridades identificaron a Salvador Ramos como el tirador y dijeron que antes de llegar a la escuela, le disparó a su abuela, quien permanece en el hospital.

El arzobispo de San Antonio, Gustavo García-Siller, consoló a las familias afuera de un centro cívico local en Uvalde mientras esperaban noticias. Junto con los sacerdotes de la Arquidiócesis de San Antonio, pasó gran parte del día atendiendo a los feligreses y otras personas que necesitaban consuelo después de aquel espantoso día.

“¿Cuándo terminarán estos locos actos de violencia?” expresó más tarde el arzobispo en un comunicado. “Es una carga demasiado grande para llevar. La palabra tragedia no comienza a describir lo que ocurrió. Estas masacres no pueden considerarse ‘la nueva normalidad'”.

“La Iglesia Católica pide constantemente la protección de toda forma de vida; y estos tiroteos masivos son un problema de vida apremiante sobre el que todos en la sociedad deben actuar, tanto los líderes electos como los ciudadanos”, acotó. “Oramos para que Dios consuele y ofrezca compasión a las familias de estos pequeños cuyo dolor es insoportable”.

El arzobispo confirmó a un reportero de CNN que hay un esfuerzo por conectarse con la familia de Ramos, a quienes dijo que iba a recibir con gestos de “ternura, compasión porque ellos también están sufriendo”. Dijo que las acciones de Ramos fueron malas, pero dijo que no estaba de acuerdo cuando escuchó a alguien decir “ese hombre es malvado”.

“No. Fueron malas acciones. Todos tienen dignidad y la familia también está sufriendo”, manifestó. “Es fácil hacer comentarios que destruyen la vida de las personas . . . ya ha habido suficiente destrucción”.

Chieko Noguchi, directora de asuntos públicos de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, señaló que la organización se unió al arzobispo García-Siller en oraciones por la comunidad.

“Ha habido demasiados tiroteos en las escuelas, demasiadas matanzas de inocentes. Nuestra fe católica nos llama a orar por los que han muerto y a vendar las heridas de los demás”, expresó en un comunicado. “Al hacerlo, cada uno de nosotros también necesita buscar en nuestras almas formas en las que podamos hacer más para comprender esta epidemia de maldad y violencia e implorar a nuestros funcionarios electos que nos ayuden a tomar medidas”.

En un comunicado, la Diócesis de El Paso, Texas, sugirió que un curso de acción de la Iglesia Católica podría ayudar a “encontrar formas de identificar de manera más efectiva a personas en riesgo de tal comportamiento y presionar por límites razonables para la proliferación de armas de fuego”.

Desde Roma, el papa Francisco también intervino y dijo: “¡Es hora de decir ‘Basta’ al comercio indiscriminado de armas!” y animó a todos a comprometerse en el esfuerzo “para que tragedias como esta no vuelvan a ocurrir”.

El cardenal Blase J. Cupich, de Chicago, en un tuit del 24 de mayo, dijo que el derecho a la vida supera el derecho a tener armas y que “la Segunda Enmienda no vino del Sinaí”.

“El derecho a portar armas nunca será más importante que la vida humana”, indicó. “Nuestros niños también tienen derechos. Y nuestros funcionarios electos tienen el deber moral de protegerlos”.

En un discurso a la nación, el presidente Joe Biden recordó su tiempo como vicepresidente cuando no pudo lograr que suficientes miembros del Congreso acordaran una legislación de control de armas en 2013, un año después de que 26 personas, incluyendo 20 niños de escuela primaria, fueran asesinados a tiros por un hombre armado en la escuela primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut.

“Como nación, tenemos que preguntarnos: ¿cuándo, en el nombre de Dios, vamos a hacer frente al lobby de las armas? ¿Cuándo, en el nombre de Dios, haremos lo que todos sabemos en nuestras entrañas que se debe hacer?” expresó el presidente.

El cardenal Cupich, en sus tuits, imploró a la gente a no solo lamentarse, sino también a actuar.

“Debemos llorar y sumergirnos en el dolor que viene con el conocimiento de que estos hijos de Dios fueron asesinados por un hombre que era solo unos años mayor que ellos. Pero luego debemos armarnos de valor para actuar frente a lo que parece una insuperable desesperanza”, tuiteó. “Mientras reflexiono sobre esta última masacre estadounidense, sigo volviendo a las preguntas: ¿Quiénes somos como nación si no actuamos para proteger a nuestros hijos? ¿Qué amamos más: nuestros instrumentos de muerte o nuestro futuro?”

La USCCB ha pedido constantemente el control de armas.

En una presentación titulada “Respuestas a la plaga de la violencia armada” que realizó el 11 de noviembre de 2019, durante la asamblea general de otoño de obispos de Estados Unidos, el obispo Frank J. Dewane de Venice, Florida, entonces presidente del Comité de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano, abordó el apoyo de los obispos a la prohibición de las armas de asalto, la verificación universal de antecedentes, un proyecto de ley federal sobre el tráfico de armas, regulaciones sobre la venta de armas cortas, mejores intervenciones de salud mental, medidas de seguridad y “una evaluación honesta de las imágenes y experiencias violentas en nuestra sociedad.”

Al igual que gran parte del público estadounidense que expresó su frustración después del tiroteo masivo en Texas, el obispo Mark E. Brennan de Wheeling-Charleston, Virginia Occidental, dijo que el país “ahora debe hacer más que ofrecer oraciones y apoyo”.

Hizo un llamado a todos, pero particularmente a los legisladores y propietarios de armas, a “trabajar juntos y tomar medidas para garantizar la seguridad de nuestros niños, nuestras escuelas, nuestras iglesias, y nuestras comunidades”.

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