Amparo Ramos era dueña de uno de los primeros mercados latinos de Rochester

ROCHESTER — Amparo Ramos, que era dueña y operó uno de los primeros mercados latinos de Rochester junto con su esposo, falleció el 16 de julio del 2012. Tenía 90 años.

La Sra. Ramos nació en San Sebastián, Purto Rico y se mudó a Rochester con sus tres hijos más chiquitos para seguir a su esposo, Luis, que había llegado años antes como trabajador migrante, dijo su hija Wanda Ramos. La pareja estuvo casada por 68 años.

Antes de que los Ramos abrieran su primera tienda en la Avenida Clinton Norte, ellos operaron una pequeña tiendecita donde la Sra. Ramos cocinaba y vendía platos tradicionales como frijoles pinto, alcapurrias y rellenos de papa, dijo su hijo Jim Ramos.

"Así es como hicieron el dinero para comprar su primera tienda", explicó él.

El Mercado Ramos abrió a mediados de la década del 1950, y sus padres pudieron expandir y mudarse a un segundo local en el noreste de Rochester, añadió Jim Ramos. Su padre supervisaba el área de la carnicería, dijo él.

Su madre dirigía la primera tienda y le permitía a las familias numerosas, muchas de las cuales eran como su propia familia con siete hijos o más, que compraran a crédito, porque estaban tratando de sostenerse después de haber llegado a la ciudad de Rochester provenientes de Puerto Rico, añadió él.

"Ella les daba cualquier ayuda que pudiera", dijo Jim Ramos. "Nos conocían en la comunidad. La gente llegaba y mamá les daba crédito… o los ayudaba con cualquier cosa que necesitaran, como por ejemplo ropa".

En el poco tiempo libre que tenía, la Sra. Ramos llevaba a las familias a diferentes agencias de la comunidad que pudieran ayudarlas a encontrar trabajo o alojamiento, tal como Acción para una Comunidad Mejor, o la Liga de Acción Iberoamericana, añadió él. La pareja también invirtió dinero para comenzar la primera estación de radio para la comunidad latina, dijo Jim Ramos.

"Siempre estaba dando, era muy religiosa", añadió él. "Recuerdo que cuando yo era niño, muchas veces las familias venían a la tienda sin nada y ella les daba comida gratis".

La familia iba a la Iglesia Sta. Brígida, y él y todos sus hermanos fueron bautizados allí e hicieron allí su primera comunión. Muchos de sus hermanos fueron a la escuela de Sta. Brígida, hasta que cambiaron para la de la Iglesia San Miguel, de donde se convirtieron en feligreses, dijo Jim Ramos.

Ramos dijo que su madre servía de modelo espiritual y oraba durante dos horas al día.

"La familia ayudó mucho a la comunidad", dijo Bernardo Benítez, un amigo de la familia.

La familia fue forzada a cerrar sus tiendas y los edificios fueron tumbados como parte de una renovación urbana que tuvo lugar en la década del 1970, explicó Jim Ramos. Luego, su madre trabajó por muchos años en las fábricas de la Compañía Bausch and Lomb, hasta que se retiró, añadió él.

"Queríamos mucho a nuestra madre", dijo Jim Ramos. "Ella estará siempre en nuestros corazones".

A la Sra. Ramos la sobreviven su esposo, Luis A. Ramos, sus hijas y sus yernos, Marie y Rafael Valle, y Wanda y Doug Smith, sus hijos e hijas políticas, Wilson y Myong Ramos Cruz, Joe y Cecilia Ramos, Hewit y Migdalia Ramos, Dixon y Omary Ramos y Jim y Evonda Ramos; 14 nietos; 21 biznietos; tres tataranietos; y sus hermanas Librada Robles Ramos y Nélida Villanueva.

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