Los anhelos de Navidad tratan más del futuro que del pasado

El villancico "I’ll Be Home for Christmas" toca a un anhelo fuerte en esta temporada. Como tal, evoca nostalgia por acontecimientos en el pasado, y eso es bueno, aunque la Navidad significa más, mucho más.

En mi muy unida familia de ocho hijos y dos hijas, siempre nos encontrábamos dispersos durante la Navidad, en las universidades, el servicio militar o en nuestro trabajo. Sin embargo, nos esforzábamos mucho para regresar al hogar de nuestros padres para la celebración, aunque a veces apenas alcanzábamos los fondos para el boleto del tren o autobús.

Llegábamos sin expectativa de recibir regalos, porque éramos pobres y no teníamos esa tradición. Y aunque anticipábamos saborear los platos tradicionales que cocinaba mi madre, había palanca más fuerte. En el brillo de los ojos de mi madre veíamos un amor incondicional que no disfrutábamos en los lugares donde vivíamos.

Similarmente, en la Misa de Navidad, encontramos a devotos que no vemos por el resto del año.

Algo los impulsa a regresar.

Quizás es la necesidad de experimentar de nuevo, aunque brevemente, algo que han perdido — fe, ideales, la inocencia de su niñez o el aliento para perseverar.

Lamentablemente, muy a menudo es un regreso de relámpago, similar al de un familiar que se presenta para la comida de Navidad, come callado y se fuga tan pronto que termina.

La persona que asiste a la Misa sólo para la Navidad y para la Pascua tiene poco chance de encender de nuevo una fe cenizosa.

También es bueno dar una mirada atrás a los tiempos cuando nuestros ideales no habían perdido su lustre y nuestras esperanzas no habían escurecido en la lucha por la vida. Igualmente, es bueno buscar de nuevo el sentido de comunidad que el pueblo gozaba, cuando urbanidad y acomodo nos unían políticamente, cuando el sistema económico no estaba desequilibrado para ventajear a los ricos.

Aún, la Navidad tiene más que ver con el futuro que con el pasado. Cuando los ángeles proclamaron paz en la tierra para toda la gente de buena voluntad, hablaban de una paz que jamás se había visto y de unidad y amor nunca gozados. Las escrituras nos dan vislumbres de ese futuro que ningún ojo ha visto u oreja oído. Ese futuro es precisamente lo que la Navidad promete a los que son fieles.

El fallecido Robert F. Kennedy dijo una vez, "Hay aquellos que ven las cosas como son y preguntan, ¿Por qué? Yo sueño de cosas que nunca se han visto y pregunto, ¿por qué no"?

¿Por qué no una sociedad donde los desempleados, los enfermos y los pobres reciben lo que necesitan?

¿Por qué no un sistema económico que es bueno y justo ambos para los ricos y los pobres?

¿Por qué no un mundo libre de terrorismo y hambre?

Sí, ¿por qué no?

La Navidad nos reta como individuos a desarrollar la visión y fortaleza para ser más cariñosos y seguros del amor de Dios; como comunidad, a abrazar y unir las muchas culturas entre nosotros; como nación, a generar la fe que con la unidad podemos vencer las crises que enfrentamos y crear una sociedad mejor.

No obstante nuestra perspectiva, la Navidad pone en claro que somos transeúntes. Nuestro suelo patrio no está aquí. Nuestra riqueza no está aquí. No podemos llevarnos lo que hemos acumulado aquí. Nuestro destino está en otra parte.

Por oscuramente que lo percibamos, nuestro anhelo primordial en la Navidad es reunirnos con la eterna fuente de amor y paz. Sólo entonces verdaderamente volveremos a nuestro hogar.

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