Una misión de esperanza en la frontera

"¡Otro año de gracia! Claro, enfrentamos crises como nunca, pero los crises fomentan esperanza, y con la esperanza vienen esfuerzos buscando la verdad, justicia y paz. Eso cría optimismo y hasta alegría. Algunos santos dicen que Jesús en la cruz, aunque gritaba en desesperación, experimentó una profunda alegría interior sobre la labor realizada".

Estas palabras de la Hermana de la Merced Betty Campbell y del Padre carmelita Peter Hinde, fundadores de una comunidad de contemplación y acción política llamada Casa Tabor en Ciudad Juárez, a través del Rio Grande de El Paso, son buen consejo para todos nosotros.

La Hermana Betty y el Padre Hinde viven en una colonia sombría que visité a principios de los 2000. Parecía que nada crecía allí. Los jardines delanteros y traseros sólo suelo del desierto.

Pero aunque Casa Tabor era tan humilde como la vecindad, su jardín era una frondosa escena de vegetales, flores y arbustos. Cada gota de agua utilizada para cocinar y lavar se reciclaba para el jardín. En la sombra del patio se celebraban clases y talleres. Todo en la vida de estos antiguos misioneros a Perú proclama la esperanza.

En Juárez desde 1995, Casa Tabor "acompaña la Iglesia y pueblo de Dios en Ciudad Juárez", dijo el Padre Hinde en un reciente correo electrónico. "Nuestro propósito principal era continuar el trabajo de solidaridad de evangelización concientizándo las iglesias y el pueblo de los Estados Unidos con relación a la política estadounidense en América Latina".

Hasta 2008, el Padre Hinde y la Hermana Betty recibían de 30 a 50 delegaciones de universidades y parroquias que venían a conocer la frontera. Desde entonces, debido a la dificultad para cruzar la frontera y a la violencia de la guerra de México contra las drogas, sólo dos o tres delegaciones vienen cada año.

"Recibimos visitas de individuos y pequeños grupos, en general gente más familiar con la frontera", dijo el Padre Hinde.

La violencia mató a 2,500 personas, 140 de ellas mujeres, en un año. "Patrullas de la armada y ahora la policía nacional recorren por la colonia en jeeps, cada una con de ocho a trece hombres fuertemente armados, pero casi nunca llegan a la acción a tiempo", el Padre Hinde dijo. "Ha habido ocasiones en nuestras colonias cuando soldados o policía nacional rehúsan actuar en la escena de asesinatos".

Mucha gente ha huido de la ciudad, sus casas y negocios abandonados. Agentes pastorales perseveran a pesar de la situación amenazante.

"Lo más penoso es el desdén de la vida, convirtiendo a la persona humana en mercancía, un objeto disponible", declaró La Conferencia de Obispos Mexicana. "Estamos perdiendo todo el sentido de la dignidad de la persona humana o hasta la habilidad de vernos como humanos".

El Padre Hinde pregunta: ¿"No es esta la lógica del consumismo capitalista? ¿Es decir, hacer todo, hasta la persona una comodidad vendible"? Norte de la frontera, tal lógica se ve en la demanda de deportar a los "ilegales".

La labor de Casa Tabor continúa.

Emilia Requenes García, de 60 años, quien fue una monja por 24 años y ha vivido 29 en Juárez, trabaja con las mujeres y ayuda a niños con sus tareas escolares dos días por semana.

La Hermana Betty, de 76 años, "es tan activa como siempre con las mujeres en parroquias circundantes y recientemente con las gallinas en el jardín trasero".

El Padre Hinde, con 87 años, ayuda a celebrar Misa en capillas cercanas, sirve en la mesa directiva de Cristianos por La Paz en El Salvador, acompañando a sacerdotes y médicos que hacen visitas, y escribe reseñas de libros para el Carmelite Review de la Provincia de Chicago.

"Nosotros en Casa Tabor nos vamos a quedar aquí con nuestros amigos mientras que la vida permita," concluyó Padre Hinde.

Sandoval es un columnista de Catholic News Service.

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