Centro ayuda a residentes del barrio

ROCHESTER — Albert Algarín tiene una palabra que resume su trabajo en el Centro Comunitario Hispano: triaje.

"Nunca sé quién va a entrar", dijo él. "Las necesidades de cada cual son diferentes".

Por ejemplo, el 27 de abril una mujer vino a buscar su licencia de conducir que había dejado por accidente en la oficina de Algarín. Entonces le contó a Algarín su problema con el azúcar en la sangre y su presión arterial. Eso la llevó a una discusión sobre como había perdido su trabajo y su independencia, lo que le había causado una depresión. Él la conectó con una de las trabajadoras sociales de Home Care of Rochester que visita al centro una vez por semana, quien a su vez la conectó con un consejero.

La historia de esta mujer es un ejemplo de lo que pasa constantemente cuando Algarín abre el centro que se halla en la planta baja de los apartamentos Los Flamboyanes, que están situados en la Avenida Clinton Norte. Hace cuatro años, él abrió el centro con un escritorio y un teléfono en un pequeño cuarto antes que Landsman Co., que es dueño de los apartamentos, donara el espacio que ocupa actualmente y que consta de una pequeña sala de espera y una habitación más grande. El centro contiene ahora dos escritorios, una mesa de conferencia y varias computadoras para los residentes que desean utilizarlas.

Muchos de los residentes del edificio de apartamentos y del barrio le piden a Algarín que los ayude con traducciones, transporte y que los conecte con servicios sociales o centros de salud.

Y Algarín lo hace gratis, comentó Hernesto Jordán, un puertorriqueño que ha vivido en Los Flamboyanes durante los últimos cinco años.

"Aquí no le niegan nada a nadie", añadió él.

Las cosas que no son donadas, Algarín las paga de su propio bolsillo. Él dijo que los fondos para la electricidad del centro y otros gastos, como ayudar a los residentes a pagar por medicinas, vienen de su trabajo regular de vender autos. El se asocia con agencias u organizaciones de la comunidad para dar referencias y otros recursos. El centro celebra una comida anual para recaudar fondos que produjo unos $6,000 el año pasado.

"Mantiene las puertas abiertas", dijo Algarín quien es también presidente de la Asociación de Negocios de Clinton Norte. "Mientras yo siga trabajando, este lugar se mantendrá abierto".

Uno de los socios comunitarios del centro es Home Care of Rochester (HCR), que paga por los servicios de dos trabajadores sociales medicales que trabajan en el centro los miércoles. Nitza Rodríguez alterna semanalmente con su compañera de trabajo Dina Vázquez.

Rodríguez se hace eco de las palabras de Algarín sobre la extensa gama de situaciones que se le presentan durante su trabajo en el centro.

A veces los residentes del barrio vienen a verla porque han recibido una carta en inglés que no entienden. También ha tenido que confrontar situaciones más serias como enviar a personas al hospital por crisis de salud que se les presentan cuando no toman sus medicinas porque no las pueden pagar. Por medio de su asociación con HCR, la agencia puede hacer trabajo de seguimiento con esos residentes, añadió ella.

El creciente número de gente que acude al centro se debe a las recomendaciones de personas a las que han servido, dijo Rodríguez.

"La gente viene de todo el barrio porque saben que hay alguien que habla su idioma y que conoce su cultura y es sensible a sus problemas", añadió ella. "No vamos a decir ‘no lo podemos ayudar’. Buscamos la manera de ayudarlos y si no podemos, los conectamos con alguien que pueda".

Algarín tiene planes para extender los servicios a los niños del barrio ofreciéndoles programas para después de las clases que incluyan música enseñada por miembros de su iglesia. Hasta ha logrado que donen un piano.

La historia de un muchacho del barrio que se involucró con vendedores de drogas en calles cercanas provocó esta nueva meta, explicó Algarín. Los planes están en espera de que él consiga un seguro para que el centro pueda celebrar actividades para niños, dijo él.

"Si no ayudamos a estos muchachos, ellos serán la próxima generación de problemas, comentó Algarín. "Queremos hacerles sentir que pueden superarse".

Sin embargo lo que lo llevó a abrir el centro fue escuchar los problemas de las personas mayores del edificio de apartamentos. Algunas personas le pedían que los ayudara a llenar cuestionarios, o a leer su correspondencia. Otros necesitaban ayuda para comprar medicinas. Dar referencias para centros de salud y para seguros que ayuden a la gente a pagar por sus medicinas sigue siendo gran parte de lo que hace.

Algarín recientemente le pagó medicinas a Jordán, a quien conoció hace cuatro años de verlo pasar por los corredores del edificio.

"Si no fuera por este centro, muchísima gente estaría debajo de la tierra", dijo Jordán.

Unos meses antes, Jordán se había encontrado con Algarín y le dijo lo mal que se sentía. Algarín llamó a una ambulancia y Jordán estuvo en el hospital por cinco días. Algarín lo visitó casi a diario.

"Él estuvo ahí conmigo", dijo Jordán. "Siempre Dios acoge a alguien bueno para proveer por alguien que no tiene. Él es una persona amable, buena y servicial".

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