Chapel House aloja a los sin techos en Auburn

Cuando a Chris Coyle lo soltaron de la prisión hace tres meses, no tenía ni trabajo, ni auto, ni un lugar para quedarse, por lo tanto, su perspectiva era deprimente y con buena razón.

"En aquella época, yo andaba mal. Creía que nada me iba a salir bien. No pensaba que podría subsistir como estaba", recordó Coyle.

Su oficial de libertad condicional le recomendó que probara ir a Chapel House, un refugio para los sin techo, que está dirigido por la Parroquia Holy Family en Auburn. El personal, los voluntarios y los residentes acogieron a Coyle con los brazos abiertos, y tanto su vida como su perspectiva comenzaron a cambiar inmediatamente. Ahora él tiene un trabajo, un auto, y pronto se mudará de Chapel House a un apartamento.

"Ha llevado tiempo, pero me siento 100 por ciento mejor. Mi vida se está arreglando", dijo Coyle. "Verdaderamente, no sé lo que hubiera hecho sin este lugar".

Chapel House abrió primero en el gimnasio del edificio de la antigua escuela de Holy Family en diciembre del 2007. A principios de ese año, el Padre Dennis Shaw, párroco de Holy Family, había hablado con sus feligreses sobre la idea de abrir un refugio, y los feligreses votaron a favor de la propuesta. A finales de diciembre, Chapel House ya les había dado refugio a 60 hombres entre las horas de 8 p.m. y 8 a.m.

En esa primera etapa, el refugio era solamente para hombres, pero en agosto del 2008, Chapel House empezó a aceptar mujeres y niños también, dijo Sandi Mettler, la directora ejecutiva del refugio. En febrero del 2009, el refugio se mudó del gimnasio de Holy Family a una casa en 36 Franklin St. La parroquia pudo comprar la casa gracias a la donación de una feligresa, dijo Mettler.

La donante estaba yéndose después de una sesión de estudio sobre la Biblia una noche, cuando vio a una madre y un niño chiquito entrar al antiguo edificio de la escuela. Ella le preguntó al personal de la parroquia a dónde iban la madre y el niño y al escuchar la respuesta, pidió que le enseñaran el refugio.

"Nos hizo una donación para que compráramos una casa", dijo Mettler. "Tuvimos suerte de encontrar esta casa".

El primer piso de la casa que tiene tres pisos, se usa para oficinas y para vivienda compartida. Los otros dos pisos tienen nueve dormitorios, que están separados en una sección para hombres y otra para mujeres y niños. Los residentes comparten los dormitorios y son responsables de hacer sus camas, de lavar sus ropas y de otros quehaceres, dijo Mettler. Los residentes también tienen que estar en el hogar a las 10 p.m.

Vivir en una casa, les da a los residentes de Chapel House un sentimiento de dignidad, dijo Mettler, y ayuda a promover un ambiente amante y familiar entre los residentes, el personal y los voluntarios. Los residentes se ayudan los unos a los otros, se reúnen para las comidas y hasta ayudan a cuidar a los niños de otros.

Chapel House acogió a un total de 513 adultos — 356 hombres y 157 mujeres– durante el 2009, observó Mettler. El desempleo forzó a muchas de estas personas a acudir a Chapel House, pero muchos otros eran trabajadores pobres que no podían cubrir sus gastos, dijo ella. Otro grupo eran adultos que habían estado viviendo con sus padres sin tener que pagar renta, hasta que sus padres no los pudieron mantener más y refrenando su amor paternal, les pidieron que se fueran del hogar.

"También recibimos a algunas personas que salen de la cárcel y no tienen a donde ir. Nosotros no podemos aceptar a delincuentes sexuales pero recibimos a cualquier otra persona", dijo Mettler. "También tenemos a personas que acaban de terminar un programa de rehabilitación de adicciones a las drogas o al alcohol. Tenemos a mucha gente que tiene problemas de salud mental.

Los residentes se pueden quedar en Chapel House hasta 90 días, siempre que estén tratando de resolver sus problemas, lo que puede incluir buscar empleo, terminar una equivalencia de sus estudios primarios, y obtener consejería o ayuda profesional para sus problemas mentales o de adicción, dijo Mettler.

"Solo pueden quedarse aquí si están dispuestos a ayudarse a sí mismos. Nosotros tendemos la mano, pero la persona tiene que poner de su parte. Si no siguen las reglas, tienen que irse", añadió.

Chapel House agradece donaciones de ropa, ropa de cama, y muebles, y Mettler dijo que siempre está buscando voluntarios que ayuden en el refugio . Esos voluntarios ayudan a llenar las necesidades de los residentes, desde escoger ropa para una entrevista de trabajo y llenar solicitudes, hasta escuchar problemas o cuidar niños.

Mettler y el resto del personal y de los voluntarios de Chapel House escucharon a Coyle, lo ayudaron a escoger el buen camino y creyeron en él, cuando nadie más lo estaba haciendo, dijo él.

"Sandi es como una mamá gallina, y aunque todos somos adultos, necesitamos consejos de todas maneras", explicó Coyle.

Aunque Coyle se mudará pronto de Chapel House, él planea visitar frecuentemente como voluntario.

"Se han portado maravillosamente conmigo y lo menos que puedo hacer es devolver el favor. Cuando yo sea voluntario, podré animar a los demás mostrándoles que la vida no es mala", dijo Coyle. "Todos nos podemos recuperar. Podemos levantarnos y seguir por el buen camino".

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