El Espíritu Santo sigue activo hoy

He estado pensando en la celebración venidera de Pentecostés en la que recordamos la venida del Espíritu Santo sobre los primeros discípulos del Señor, y cuanto confío en que el mismo Espíritu está trabajando en nuestra diócesis. De vez en cuando los eventos y las noticias que pasan por mi escritorio parecen tener una conexión maravillosa, y me recuerdan otra vez, cuantas bendiciones he recibido y cuanto me complace ser su obispo.

La Cuaresma y nuestra celebración de la Pascua fueron un tiempo especial y me dieron la oportunidad de constatar personalmente la gran devoción de nuestra gente. Justo después de la Pascua, pasé varios días con nuestros sacerdotes y administradores pastorales en nuestra convocación anual y me maravillé ante la gran energía, entusiasmo y dedicación de que dan muestra estos líderes.

Más recientemente, tuve el privilegio de presidir la Reunión del Ministerium, una reunión calurosa y enérgica en la cual cientos de nuestros sacerdotes, diáconos y ministros laicos se juntaron y compartieron un día de oración y reflexión y escucharon una charla del conocido escritor religioso John Allen. Yo no pude evitar mirar alrededor y pensar que ustedes están en buenas manos con este grupo lleno del Espíritu.

Entretanto, he tenido el privilegio de confirmar a muchos muchachos en días recientes. Les puedo decir que tengo gran confianza en el futuro cuando hablo con estos jóvenes y veo como viven su fe mientras rezamos juntos para que los dones del Espíritu Santo llenen sus vidas.

Y si estas bendiciones no fueran suficiente, otras noticias me han llenado de orgullo.

Por ejemplo, recibí recientemente un informe que la gente de nuestra diócesis han contribuido más de $175,000 para ayudar a la gente de Japón a recuperarse del trágico terremoto y del tsunami.

Poco después de estas alentadoras noticias, oí que la Petición para los Ministerios Católicos del 2010-2011 rompieron un record en más de 30 años. Más de $5.2 millones se han ofrecido para ayudar a financiar los ministerios vitales de la diócesis. No solo ustedes dieron más en total, sino que el don promedio subió también.

Esta generosidad ha continuado a pesar de los retos económicos que continúan. Debido a mis viajes por la diócesis sé que muchas familias están preguntándose cómo van a confrontar el precio de la gasolina de $4 el galón, el creciente precio de la comida y de otros gastos esenciales y el peligro de perder sus trabajos.

Su generosidad no me extraña después de 30 años de ser el obispo de la Diócesis de Rochester. Conozco su espíritu amoroso y desinteresado.

A veces cuando celebramos los eventos importantes de nuestra fe, podemos pensar que estas ceremonias son reliquias del pasado que no tienen que ver con la vida de hoy en día. Uno de esos eventos es Pentecostés. Podríamos pensar que la dramática venida del Espíritu Santo "como viento fuerte acompañado por fuego sobre cada uno de los apóstoles es algo del pasado y que esos milagros no ocurren ya.

Pero pienso que uno solo tiene que viajar por nuestra diócesis y juntarse con los feligreses de nuestras comunidades de fe para saber que el Espíritu Santo está tan activo ahora aquí como entonces y que los milagros de fe ocurren todos los días. Yo me imagino que cualquiera de las familias japoneses cuyas vidas han sido mejoradas por la generosidad de ustedes pensará que ha ocurrido un milagro.

En los Hechos de los Apóstoles San Pedro les dice a las multitudes presentes que sean testigos de cómo el Espíritu Santo viene y no está reservado solo para los apóstoles, "La promesa es para ustedes, sus hijos y para todos los que están lejos…" Es una promesa para todas las generaciones.

Eso se aplica aquí en nuestra Diócesis de Rochester, una comunidad de fe a la que le estoy muy agradecida y por la que ofrezco mis sinceras oraciones y gracias por todo lo que hacen.

Ven Espíritu Santo.

Paz para todos.

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