La historia de una vocación destaca viaje

Cada tres años más o menos desde mi primer viaje en enero del 1981, ha viajado a Latinoamérica para visitar a nuestras Hermanas de la Misericordia en Chile y a nuestras Hermanas de San José en Brasil. Al principio, yo visitaba ambas comunidades en un viaje. Años más tardes, después de conversaciones con las hermanas, he ido a verlas cada tres años, un año a Brasil, otro a Chile, y el tercero aquí.

Han sido maravillosas experiencias para mi. Con o por medio de las hermanas he tenido el privilegio de acceder a la vida de la iglesia en otros lugares. Ha sido una educación y a veces una inspiración, ver cómo la gente en una cultura diferente expresa su fe, la celebra y la comparte con otros en circunstancias tan diferentes a las que vivimos nosotros. Y estas visitas también han estimulado mis reflexiones sobre la vida religiosa — cómo nuestras hermanas viven el Evangelio como religiosas en otros países.

La semana pasada fui a Brasil. Dejé Rochester el miércoles 13 de enero y volví el viernes 22 de enero. Lo que sigue no es una cronología de los eventos de cada día. Más bien, he tratado de escribir sobre algunos de los recuerdos de eventos que experimenté en Brasil y lo que significaron para mi.

En la Liturgia Eucarística, durante la cual la Hermana Sandra Silva Arantes pronunció sus primeros votos solemnes como Hermana de San José de Rochester, ella tuvo una oportunidad de dirigirse a la congregación que se reunió con ella en la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Uberlandia.

Sus palabras de gratitud se dirigieron primero a su madre y a su padre al lado de los cuales se sentó durante la ceremonia. También incluyeron a los miembros de su familia que estaban presente y a las otras Hermanas de San José que asistieron. Recuerdo también que se concentró especialmente en la gente de la parroquia. Les agradeció haberla recibido dos veces entre ellos, — una vez en un intento que abandonó de hacerse miembro de las Hermanas de San José, y el segundo, cuando cambió de opinión y renovó su intención de entrar a la vida religiosa.

Juzgando por la respuesta que dieron en ese momento y por su entusiasta participación en la liturgia, la gente comprendió lo que ella quiso decirles. Es decir, que en la providencia de Dios, la gente de la parroquia de la Inmaculada Concepción tenían un lugar importante en su vocación. Su amor paciente y su compañerismo provocaron su interés inicial en la vida religiosa. E hicieron más. La impulsaron a confiar en la presencia de Dios en su vida aun mientras ella continuaba su búsqueda del camino que el Señor deseaba que ella siguiera. En su expresión de gratitud por su apoyo continuo y discreto, Sandra les dijo qué lugar tan importante habían tenido en su vida. Ella les dijo que en lo más profundo de su ser los apreciaba como las personas por medio de las cuales Dios la había llamado y en los cuales Dios la había sostenido. No me cabe duda que yo no fui la única persona en la liturgia que, estimulado por las palabras de gratitud de Sandra, pensé en las personas en mi vida que me han ofrecido dones similares.

Las Hermanas Marilyn Pray y Helen Daly, miembros del equipo de liderazgo de la congregación, estaban en Brasil para la celebración, al igual que la Hermana Donna Del Santo, que vino a apoyar algunos de los esfuerzos relativos a vocaciones que las hermanas están haciendo. Y naturalmente, todas las hermanas que están sirviendo actualmente en Brasil, con excepción de la Hermana Barbara Orczyk, estaban presentes. Barbara tuvo recientemente que volver a su casa por una enfermedad en su familia.

Ellas celebraron con Sandra y se regocijaron con ella por su profesión. También recordaron entre ellas y con los feligreses a las hermanas que fueron pioneras en el barrio y líderes en el esfuerzo de formar la comunidad parroquial. En ese contexto, los nombres de las Hermanas Ann Rafferty y Elaine Hollis fueron recordados con gran afecto y gratitud. A medida que me movía entre las personas de la parroquia y las hermanas esa noche, oí partes de historias que enlazaban los esfuerzos anteriores de Ann y Elaine con la profesión de Sandra. Fueron historias interesantes de cómo la vida se comparte, de cómo la gente encuentra aliento, de cuánto le debemos a los que nos han precedido. Me hubiera gustado que Ann y Elaine — y todas las hermanas que han estado relacionadas con esa comunidad entre su tiempo y el de Sandra — hubieran podido estar presentes para oír cuan profundos y duraderos han sido los frutos de sus labores.


NOTA DE LA REDACCIÓN: Encontrarán la segunda parte del relato del viaje del Obispo a Brasil en marzo.

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