Preguntas sobre el futuro

Durante los últimos meses, he escrito en esta columna y he hablado con muchos de ustedes durante mis viajes a través de la diócesis sobre mi próximo retiro como Obispo de Rochester. He encontrado a mucha gente que me han expresado sus mejores deseos, lo que he apreciado mucho, y que me han hecho muchas preguntas sobre lo que pasará entonces.

El interés en este asunto ha aumentado mucho últimamente porque mi 75o cumpleaños, el 15 de julio, se aproxima rápidamente. Este es el día que enviaré mi carta de renuncia a la Santa Sede como deben hacer todos los obispos cuando cumplen 75 años. Por ejemplo, recientemente tuve una entrevista con organizaciones noticiosas de la diócesis. Estaban interesadas en mis reflexiones sobre mis 33 años como obispo y, naturalmente tenían muchas preguntas sobre lo que ocurrirá.

Por eso, pensé que sería conveniente para ustedes si yo resumiera el proceso otra vez, no solo para responder a cualquier pregunta que tengan, sino para asegurarles que esta importante transición en la vida de la diócesis ocurrirá sin problemas, como fue para los obispos que me precedieron.

Primero, es importante observar que mi carta de renuncia empezará un proceso para nombrar a un sucesor, un proceso que probablemente tomará muchos meses si consideramos situaciones similares en otras diócesis de los Estados Unidos.

Para ser más precisos, el proceso ha tomado hasta un año, o más aún en algunos casos. Por ejemplo, cerca de nosotros. El Obispo Edward Kmiec de la Diócesis de Búfalo envió su renuncia cuando cumplió 75 años el 4 de junio del 2011. El 2 de mayo del 2012, el Reverendísimo Richard J. Malone fue nombrado por el Papa Benedicto XVI para que sucediera al Obispo Kmiec. El Obispo Malone había estado sirviendo como obispo de la Diócesis de Pórtland, Maine.

Una vez que mi carta de renuncia sea enviada y recibida, el proceso queda en las manos de la Santa Sede, la cual, les aseguro, trabajará cuidadosamente y tras haber orado, para escoger un nuevo obispo que proveerá un buen liderazgo para esta maravillosa diócesis y sus características particulares. Por lo tanto, no sabemos exactamente cuando el noveno Obispo de Rochester será elegido, ni tampoco sabemos quién será. Aunque los nombres de candidatos potenciales para el oficio de obispo son considerados regularmente por los obispos de nuestra provincia, y aunque me puedan invitar a dar mi opinión, la decisión final la dará el Santo Padre y nadie más.

Algunos de ustedes me han preguntado si es posible que mi sucesor sea escogido de esta diócesis. Esta es una posibilidad; tres de los ocho obispos de Rochester, lo fueron. La otra posibilidad, naturalmente, y una que parece ocurrir más a menudo que la anterior, es que el nuevo obispo venga de otra diócesis, ya sea un sacerdote que sea ordenado obispo, o un hombre que ya esté sirviendo como obispo.

Es importante saber — y espero que los tranquilice — que las cosas seguirán siendo como siempre en nuestra diócesis hasta que se termina la transición. Aunque no emprenderemos ninguna iniciativa importante nueva durante el periodo de transición, yo continuaré sirviendo mientras sea necesario hasta que mi sucesor sea escogido.

Otra nota personal, muchos de ustedes me han preguntado amablemente, cuáles son mis planes después que nombren a un nuevo obispo. Como escribí en esta columna en el otoño pasado y como les he dicho en visitas parroquiales, al dejar el oficio, el obispo pierde su poder y jurisdicción sobre una iglesia diocesana, pero él sigue siendo un obispo para siempre. Él mantiene para siempre el lazo de unión con el Colegio de Obispos, y especialmente un lazo de unión con la diócesis de la que fue pastor y con los fieles que fueron confiados a su cuidado. No se trata de un retiro con el significado usual de la palabra.

¡Esta es una bendición maravillosa! Porque en tanto que "Obispo Emérito", que es el título dado a los obispos cuando dejan el cargo, tengo el sincero deseo de ayudar tanto como pueda a la Diócesis de Rochester y al nuevo obispo de diferentes maneras que discutiremos y determinaremos luego. Aunque yo dejaré el apartamento del obispo en la catedral, tengo la intención de vivir en el área de Rochester, un lugar que conozco bien y amo mucho.

Mientras emprendemos este camino juntos, confiando en que el Buen Pastor nos guiará, les pido que recen por esta bellísima tierra bendita por Dios, que orgullosamente llamamos la Diócesis de Rochester, por todos sus buenos sacerdotes y religiosos, mujeres y hombres, diáconos y ministros y por sus fieles feligreses, y si tienen la amabilidad, por mí en este momento de transición personal. Tengan al Santo Padre cerca de sus corazones a medida que él toma esta decisión importante para nuestro futuro.

Paz para todos.

NOTA DE LA REDACCIÓN: No habrá "En el Camino" en la edición de agosto porque el Obispo Clark tomará vacaciones. La columna volverá en el número de septiembre.

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