Visitas, calurosa bienvenida continúa

Gracias de nuevo y una vez más por su muy calurosa bienvenida a la Diócesis de Rochester, una bienvenida dispensada por todas las partes – sacerdotes, religiosas, diáconos, laicos, los jóvenes y los mayores y todos los que se encuentran en el medio en ese vasto espectro que llamamos la familia de Dios.

A pesar de lo que se llamó una tormenta hercúlea, que trajo más de dos pies de nieve y temperaturas heladas al momento de los eventos de instalación, todo procedió muy bien. Sigo recibiendo informes muy positivos y edificantes de los que asistieron a las vísperas solemnes Ia noche del 2 de enero y la Misa solemne de instalación el 3 de enero, así como de aquellos que pudieron ver estas ceremonias a través del acceso a los medios noticieros y la televisión. Estoy muy agradecido de todos los que hicieron esto posible y trabajaron diligentemente por largo tiempo para lograr una celebración diocesana tan maravillosa. Vacilo en nombrar a personas individuales porque su nombre es legión y no quiero olvidar a nadie, sin embargo, yo expreso mi sincera gratitud a Su Excelencia el Obispo Mathew H. Clark, nuestro obispo emérito, y a Su Excelencia Monseñor Robert J. Cunningham de Syracue, quien se desempeñó como administrador apostólico durante el interregno, por su acogida fraterna y apoyo.

Mis visitas por la diócesis empezaron antes de mi instalación. El Día de Año Nuevo, celebré la sagrada Misa en el Monasterio Carmelita en Pittsford, suburbio de Rochester, donde la superiora, Madre Therese Marie of Jesus Crucified, me recibió muy gentilmente. Visitantes del área llenaron la capilla. Después de la Misa, tuve una visita muy agradable con las hermanas, cuya promesa de oraciones es un gran estímulo para mí. Estas mujeres de fe profunda oran por toda nuestra familia diocesana.

El 2 de enero, celebré la sagrada Misa en la Parroquia San Thomas More en el suburbio de Rochester Brighton para los seminaristas de nuestra diócesis. El Padre Paul J. Tomasso y el Padre William G. Coffas y miembros del Apostolado de Vocación también me dieron una maravillosa bienvenida. ¡Ya durante esta Misa la nieve estaba cayendo copiosamente y dejando saber que no iba a amainar pronto!

Poco tiempo después de la instalación, empecé mis visitas a las parroquias con la solemne Misa de la Epifanía en la Iglesia de Santa María en Auburn el domingo, 5 de enero. Bajo la dirección del Padre Frank Lioi, la Misa fue realmente hermosa con monaguillos destacados y un coro magnífico.

Durante la semana siguiente tuve el privilegio de conferir el sacramento de confirmación en dos ocasiones en la Catedral del Sagrado Corazón. Los hombres y mujeres jóvenes confirmadas demostraron verdadero regocijo en este momento importante en sus vidas al completar los sacramentos de iniciación. Este mismo espíritu fue repetido en la Iglesia San Alfonso en Auburn la siguiente semana. Ahí, el Padre Louis A. Vasile y su personal no pudieron ser más hospitalarios y los candidatos para la confirmación muy entusiastas.

La noche del viernes, 10 de enero, fue la ocasión para la Misa solemne de re- dedicación de la Iglesia San Juan de Rochester en Perinton después de haberse completado las renovaciones. Al Padre Peter C. Clifford y las muchas personas maravillosas que trabajaron con el Padre en este proyecto se les unieron los feligreses y sacerdotes que habían servido en la parroquia para celebrar esta ocasión histórica. Ciertamente, fue muy edificante experimentar una iglesia llena de feligreses tan dedicados a su parroquia y a la misión de la iglesia de renovar todas las cosas en Cristo.

El domingo, 12 de enero, la Solemnidad del Bautismo del Señor, celebré la Santa Misa en la Iglesia San Miguel en Penn Yan, que es parte de la Comunidad Católica Nuestra Señora de los Lagos, estando presente los estudiantes de la Escuela San Miguel. Fue muy bueno conocerles y conocer a los feligreses durante el desayuno con los Caballeros de Colón después de la Misa. Los Padres Leo Reinhardt, John Hayes y John O’Connor ofrecieron su acogida y apoyo en oración.

El sábado, 18 de enero, me encontró en la Iglesia San Patricio en Owego, donde una vez más tuve la oportunidad de conocer la buena gente confiada a mi cuidado pastoral. Los Padres William A. Moorby y Brian Carpenter estaban ansiosos para darme a conocer la fe profunda de la gente de Owego. Les aseguré que los confines de la diócesis no han sido olvidados y están muy unidos en la oración como familia diocesana.

El apoyo y asistencia de los laicos en estas parroquias estaba claramente visible, ya fuera a través de los asociados pastorales, voluntarios o aquellos que han amado y apoyado a sus parroquias por muchos años.

Como puede imaginar, cada obispo prefiere visitar a su gente y celebrar la santa Misa y otras liturgias con ellos. A la misma vez, el obispo es responsable de administrar, al igual que educar y santificar. Por esos los días han sido ocupados con muchas reuniones con los varios cuerpos consultivos de la diócesis, con miembros del personal diocesano y los jefes de departamentos, así como contestar mucha correspondencia. Los antes mencionados son de gran ayuda para la diócesis y para mí. El consejo, asesoramiento e información que han ofrecido ha sido de gran ayuda durante esta transición.

El domingo, 19 de enero fue una experiencia particularmente conmovedora en la catedral en la Misa celebrada para los refugiados y migrantes. Muchos de nosotros podemos recordar las historias de nuestros propios parientes y antepasados que llegaron a estas costas para empezar una vida nueva. Ellos, también, experimentaron las duras realidades de los prejuicios, las luchas en la obtención de empleo y el desafío de criar a sus familias en un país diferente. Con esta historia, todos nosotros con más razón debemos acoger a nuestros hermanos y hermanas de hoy día que han venido a nuestra diócesis para empezar una vida nueva. Como nuestros antepasados, ellos también vienen con dones y talentos, y con trasfondos culturales que enriquecen el panorama cultural de nuestra diócesis. Sobre todo, ellos vienen con un profundo amor por la fe y la familia. Estas virtudes verdaderamente edifican el Cuerpo de Cristo en medio de nosotros.

En la mañana del 22 de enero, concelebré la Misa solemne en la Basílica del Santuario de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C. Después de la Misa, tuve el privilegio de unirme a la Marcha por la Vida con nuestros hermanos y hermanas de la diócesis de Rochester que estaban participando en estos eventos llenos de vida que proclaman el don de vida de Dios. Me impresionaron particularmente las olas de jóvenes jubilosamente presente durante estos días. Su entusiasmo y celo por dar testimonio del Evangelio de Vida fue muy alentador y edificante. Estoy convencido de que ellos llevarán este espíritu en el futuro y serán voces poderosas llamando por la protección de toda vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

La Semana de las Escuelas Católicas fue iniciada con las visitas a varias de nuestras escuelas católicas donde los estudiantes llegan a conocer la persona de Jesucristo en cada salón de clases y donde la fe permea por los corredores y salones de clase. Ruego para que estas escuelas perduren en el futuro con los sacrificios y apoyo continuo de los fieles. Más que nunca, es necesario que nuestros jóvenes aprendan y experimenten las virtudes del Evangelio en una cultura que no siempre es receptiva a la Palabra de Dios.

Las actividades de la Semana de las Escuelas Católicas empezaron el 25 de enero en la Parroquia Nuestra Señora de la Paz en Geneva, con una Misa en la vigilia de la tarde del sábado ofrecida para los estudiantes y la comunidad escolar católica en la Escuela San Francisco de /San Esteban. Los estudiantes participaron hermosamente en la Misa a la cual asistió el principal, Sr. Stephen Tartaglia. Los Padres Thomas Mull y Michael Mayer se unieron a mí en la Misa para orar por los estudiantes, facultad, personal y familias de la escuela. La participación de los estudiantes en la Misa verdaderamente indicó las sólidas lecciones de fe católica impartidas en la escuela.

En la mañana del martes, 28 de enero, el Padre John DeSocio y los sacerdotes en el área me dieron la bienvenida en la Iglesia Santa María en Elmira para celebrar la Misa para los estudiantes en la Escuela de la Sagrada Familia seguida de visitas a los salones de clase. Fue muy edificante encontrarme en la presencia de estos maravillosos, entusiastas y jubilosos estudiantes. Ellos confiadamente se presentaron y me dijeron las materias que estaban estudiando. La principal, Srta. Lorie Brink, y la facultad estaban justificadamente orgullosos de sus estudiantes.

Este mismo espíritu se repitió el 31 de enero en la Iglesia se la Santa Cruz en Rochester, donde celebré una Misa para los estudiantes y visité sus salones de clase. Los Padres Thomas H. Wheeland y John Reif concelebraron la Misa, y la principal, Srta. Mary Martell, me presentó la facultad, personal y estudiantes en la escuela. El Padre Wheeland, quien ha servido en la Parroquia de la Santa Cruz por 32 años, ha sido un apoyo constante y fuerte de la escuela. Durante la visita, todo el mundo le alabó por su dedicación pastoral y su amor por la escuela.

El 2 de febrero, ofrecí la Santa Misa por la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia en la Abadía del Genesee en Piffard y visité con los miembros de la comunidad. El Padre Abbot, el Reverendísimo Gerard D’Souza y los monjes me acogieron con el corazón de hermanos a este hermoso lugar de contemplación, donde la liturgia fue celebrada muy hermosamente para la solemnidad de la fiesta de la Presentación de Nuestro Señor. El cántico que precedió la Misa y durante el sacrificio eucarístico, la bendición de las velas y la procesión fueron una inspiración para los fieles presente. Durante mi visita con la comunidad, les pedí sus oraciones al comenzar mi ministerio apostólico en la diócesis.

Y estas visitas continuarán. Solamente deseaba compartir con ustedes algunos de estos momentos muy edificantes a principio de mi ministerio apostólico. ¡Gracias por tan calurosa acogida! Trabajemos en colaboración, sacerdotes, religiosas, diáconos y laicos, para fortalecer nuestras parroquias, escuelas, apostolados y programas de difusión de modo que sigamos reflejando y viviendo el lema de nuestro primer obispo, el Reverendísimo Bernard J. McQuaid: Salus animarum lex suprema ("La ley suprema es la salvación de las almas").

Renovando mis oraciones por ustedes y pidiendo que me recuerden en sus buenas oraciones, quedo devotamente suyo en Cristo.

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