Sentado en una silla de ruedas, el Papa Francisco reza en el cementerio de la Nación Cree de Ermineskin. El Papa Francisco reza en el cementerio de la Nación Cree de Ermineskin antes de reunirse con las comunidades de las Primeras Naciones, Métis e Inuit en Maskwacis, Alberta, el 25 de julio de 2022. (Foto CNS por Paul Haring)

Papa pide perdón por abusos en escuelas indígenas

MASKWACIS, Alberta — El primer paso de la “peregrinación penitencial” del Papa Francisco a Canadá involucró el regreso de dos pares de mocasines para niños.

Los zapatitos no se encontraban entre los artefactos indígenas que se encuentran en los Museos Vaticanos, sino más bien algo que la Jefa Marie-Anne Day Walker-Pelletier de la Primera Nación Okanese en Saskatchewan había dejado con el Papa Francisco en marzo para que pensara y orara por los niños indígenas que fueron internados y, en especial, de los que nunca regresaron a su casa.

En la tierra del tratado de las naciones Ermineskin Cree y Samson Cree, la Tribu Louis Bull y la Montana Primera Nación cerca del antiguo sitio de una de las escuelas residenciales más grandes de Canadá, el Papa Francisco dijo: “Humildemente pido perdón por el mal cometido por tan muchos cristianos contra los pueblos indígenas”.

“El primer paso de mi peregrinaje penitencial entre vosotros es el de volver a pedirles perdón, de decirles una vez más que lo siento profundamente”, dijo el Papa el 25 de julio

“Lo siento”, dijo de nuevo. “Pido perdón, en particular, por la forma en que muchos miembros de la iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, sobre todo a través de su indiferencia, en los proyectos de destrucción cultural y de asimilación forzosa promovidos por los gobiernos de la época, que culminaron en el sistema de escuelas residenciales”.

El Papa habló en español. Cuando se leyeron sus palabras de disculpa en inglés, la multitud respondió con aplausos.

La reunión del Papa Francisco con más de 2,000 sobrevivientes de escuelas residenciales, ancianos de la comunidad y guardianes del conocimiento, sus familiares y personal de apoyo mental y emocional se llevó a cabo en Muskwa, o Bear Park, Powwow Grounds bajo una llovizna persistente.

Asistieron la gobernadora general de Canadá, Mary Simon, y el primer ministro, Justin Trudeau. Pero los dignatarios eran el Papa y los jefes indígenas de todo Canadá.

El maestro de ceremonias local explicó que los caciques deben ser guerreros que defiendan a los indígenas, la lengua, las costumbres y los niños.

Antes de que llegara el Papa, Ruby Rose Henry de la Nación Tla’amin calentó su tambor y su voz junto al fuego. Ella esperaba cantar la “Canción de la flor silvestre” para el Papa.

Cuando los funcionarios del gobierno llegaban a la aldea para llevar a los niños a la escuela residencial, dijo, “los niños corrían y se escondían”. Cuando los funcionarios se iban, “los niños cantaban esta canción para que los padres supieran que no fueron secuestrados”.

El Papa había comenzado su visita reuniéndose con el personal pastoral y algunos feligreses en la Iglesia de Nuestra Señora de los Siete Dolores antes de detenerse a orar en el cementerio de la Nación Cree de Ermineskin y luego ir, en silla de ruedas, al sitio de la antigua Escuela Residencial India Ermineskin.

Se erigieron cinco tipis en el sitio, cuatro de ellos para representar a cada una de las naciones que habitan Maskwacis, y el quinto como símbolo de la escuela.

El Papa Francisco describió su visita a Canadá del 24 al 29 de julio como una “peregrinación penitencial” para pedir perdón por el trauma infligido a los niños indígenas por muchos de los sacerdotes y monjas que dirigían alrededor del 60% de las escuelas del gobierno canadiense.

El gobierno ahora estima que al menos 150,000 niños de las Primeras Naciones, Inuit y Métis fueron separados de sus familias y comunidades y obligados a asistir a las escuelas entre 1870 y 1997. Al menos 4,120 niños murieron en las escuelas y varios miles desaparecieron sin dejar rastro.

Cuando comenzó la reunión con el Papa, decenas de personas portaban una larga pancarta roja entre la multitud. La pancarta tenía los nombres de cada uno de los 4,120 niños fallecidos y la escuela donde fallecieron.

A los estudiantes de las escuelas se les prohibió hablar sus idiomas nativos o practicar sus tradiciones. El gobierno proporcionó tan poca financiación que los estudiantes a menudo estaban desnutridos y muchos sufrieron abusos emocionales, físicos o incluso sexuales.

El descubrimiento de tumbas sin marcar y de posibles cementerios en varios sitios de Canadá en 2021 aumentó la atención sobre el legado de la escuela residencial y aumentó la presión sobre el Papa Francisco para que pidiera perdón en tierra canadiense por lo que habían hecho los miembros de la iglesia.

Ernest Durocher, miembro de Métis Nation Saskatchewan y sobreviviente de la escuela residencial Ile-a-la-Crosse, viajó a Maskwacis con su esposa, también sobreviviente. Se sentó solo afuera de los terrenos del powwow por un rato, solo pensando, dijo.

“Espero escuchar una disculpa del Papa”, dijo.

Emily McKinney, de 21 años, miembro de la Primera Nación del Lago de los Cisnes, viajó a Maskwacis desde el territorio del Tratado 1 en Manitoba, donde preside el Consejo Juvenil del Tratado 1.

“Espero escuchar una disculpa sincera y genuina para aquellos que la necesitan para sanar el trauma intergeneracional”, dijo.

La política de las escuelas separó a padres e hijos, dijo. “¡No fue natural, sino a la fuerza, y durante siete generaciones! Hay efectos enormes y traumáticos”.

“Estos niños fueron criados en las instituciones. ¿Cómo se suponía que iban a saber cómo criar a sus familias con amor, bondad y nuestras enseñanzas?”, preguntó.

El Papa Francisco reconoció la complicidad de la iglesia en el “mal deplorable” de suprimir las lenguas y culturas nativas, la destrucción de los lazos familiares y comunitarios y el trauma que sufrieron los niños en las escuelas y que a menudo transmiten a sus hijos y nietos en forma de falta de afecto o abuso.

El jefe cree Wilton Littlechild, de 78 años, sobreviviente de la escuela residencial Ermineskine que había viajado a Roma en marzo para encontrarse con el Papa Francisco, le dio la bienvenida a su casa.

Littlechild, abogado y político, le dijo al Papa que, como miembro de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá, había escuchado “casi 7,000 testimonios de exalumnos de escuelas residenciales” en todo Canadá. Las personas reunidas en Maskwacis, dijo, representaban a todos.

Después del discurso del Papa Francisco, Gerry Saddleback ofreció una “canción de honor”. Los organizadores canadienses dijeron que la canción es una forma de mostrar “apertura y, para algunos, aceptación de la disculpa del Santo Padre y (es) una invitación a todos los presentes, a su manera y de acuerdo con su línea de tiempo personal, a buscar aceptar esa misma invitación hacia el perdón”.

El Papa prometió la cooperación de la iglesia para seguir investigando lo que ocurrió en las escuelas y caminar junto a los sobrevivientes en su viaje hacia la curación.

“En este primer paso de mi camino”, dijo el Papa, “he querido hacer espacio para la memoria. Aquí, hoy, estoy con ustedes para recordar el pasado, llorar con ustedes, inclinar nuestras cabezas juntas en silencio y para orar ante las tumbas”.

“Ante el mal, oremos al Señor de la bondad”, dijo. “Ante la muerte, roguemos al Dios de la vida”.

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