Este es el retrato oficial de cuatro futuros beatos que murieron en El Salvador y serán beatificados en San Salvador el 22 de enero de 2022. Fila superior: padre Rutilio Grande y padre Cosme Spessotto. Fila inferior: Nelson Lemus y Manuel Solórzano. Este es el retrato oficial de cuatro futuros beatos que murieron en El Salvador y serán beatificados en San Salvador el 22 de enero de 2022. Fila superior: padre Rutilio Grande y padre Cosme Spessotto. Fila inferior: Nelson Lemus y Manuel Solórzano. (Ilustración CNS/Cortesía de la Oficina de Beatificación del Arzobispado de San Salvador)

Iglesia en El Salvador ofrece más detalles sobre beatificaciones

WASHINGTON (CNS) — La Conferencia Episcopal de El Salvador dio a conocer más detalles sobre cuatro beatificaciones en el país programadas para enero, pero también sugirió celebraciones en parroquias por todo el país, diciendo que la cantidad de personas permitidas en la ceremonia “dependerá de la evolución de la pandemia de coronavirus”.

Los detalles se dieron a conocer al final de una semana en la cual El Salvador rompió un récord de muertes por COVID-19, registrando 104 muertes del 3 al 9 de octubre, el número más alto de muertes que el país ha registrado en el curso de una semana desde que comenzó la pandemia. Dos sacerdotes católicos murieron durante la semana. Al menos ocho sacerdotes de la Arquidiócesis de San Salvador han muerte por Covid-19.

Los obispos, en un comunicado del 9 de octubre, animaron a los católicos a comenzar a prepararse espiritualmente, pero también a planificar eventos en sus localidades o a ver la ceremonia por televisión.

En la carta, los obispos dijeron que las beatificaciones del padre jesuita Rutilio Grande y Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, dos laicos que viajaban con el jesuita cuando fue martirizado en 1977, y el padre franciscano Cosme Spessotto, un sacerdote italiano martirizado en El Salvador en 1980, se llevaran a cabo el 22 de enero a las 5 p.m. frente a la catedral de San Salvador. El evento será televisado a nivel nacional y por internet.

La carta decía que el lugar tiene un significado especial porque es allí donde, cada agosto, los salvadoreños se reúnen para honrar a Jesucristo, el patrón del país, en la fiesta de la Transfiguración del Señor. También es el lugar donde, durante el funeral de San Oscar Romero en 1980, murió una cantidad de salvadoreños después de que estalló una bomba en la plaza frente a la catedral, que envió a las personas corriendo en diferentes direcciones.

“Allí viviremos, agradecidos, la solemne proclamación de nuestros cuatro futuros beatos, mártires de esta iglesia que Monseñor Romero describió como ‘el cuerpo de Cristo en la historia’, una historia tormentosa y agitada por una vorágine de violencia fratricida que arrebató la vida de innumerables víctimas inocentes, la mayoría de ellas sólo conocidas por Dios”, decía la carta.

Los cuatro futuros beatos fueron martirizados durante el conflicto civil del país en las décadas de 1970 y 1980, cuando innumerables católicos, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia del Concilio Vaticano II y el concilio de obispos latinoamericanos, comenzaron a hablar a favor de los pobres y de personas marginadas.

La guerra civil de El Salvador, de 1980 a 1992, dejó más de 70,000 muertos en la nación centroamericana. Entre ellos se encontraba San Romero, quien era arzobispo de San Salvador cuando fue asesinado a tiros el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la misa.

La guerra también cobró como víctimas a cuatro mujeres católicas de Estados Unidos – tres monjas y una misionera laica Maryknoll – violadas y asesinadas a fines de 1980. Algunos han dicho que las mujeres también deberían entrar en camino hacia la canonización, habiendo muerto de una manera similar, pero no se ha abierto su causa de santidad.

Refiriéndose a los cuatro que serán beatificados, los obispos dijeron: “Cada uno de estos testigos de fe tiene un aporte original que ofrecer a la Iglesia, para que se mantenga fiel en su misión de hacer presente, aquí y ahora, a Jesucristo muerto y resucitado”.

Si bien muchos han estado esperando la ceremonia, existe una gran preocupación por el aumento reciente de las muertes por COVID-19, pero también por el bienestar de los sacerdotes en el país.

A fines de septiembre, el padre franciscano Flavian Mucci, un sacerdote de Boston que vivió en El Salvador durante más de cinco décadas y fundó una de las organizaciones sin fines de lucro más grandes del país, murió de COVID-19. Para el 13 de octubre, otros cuatro sacerdotes murieron por coronavirus, lo que provocó una petición en línea a la Arquidiócesis de San Salvador de restricciones más estrictas o cierre de misas y otras reuniones de la iglesia hasta que disminuyan las infecciones.

Una de las peticiones en change.org le pide al gobierno que dé prioridad a los sacerdotes para que reciban una dosis de las vacunas Pfizer o Moderna, en vez de la vacuna Sinovac, de fabricación china, que ha recibido la mayoría de los salvadoreños vacunados.

El Salvador ha tenido una agresiva campaña de vacunación, administrando casi 8 millones de dosis, según cifras del gobierno, que muestran que más de la mitad de los salvadoreños han sido completamente vacunados. Aun así, el país esta experimentado una preocupante alza de infecciones.

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