Reflejo del abismo creciente entre pobres y ricos es un comedor pú?blico dirigido por jesuitas en Buenos Aires

Por Judith Sudilovsky
Catholic News Service

BUENOS AIRES, Argentina (CNS) — En una ma?ñana lluviosa, no lejos del tramo de tiendas finas de la avenida Santa Fe, con sus abundantes escaparates y nombres de marcas famosas, se abren las puertas de color azul de un comedor pú?blico gratuito que lleva el nombre de Obras de San José?. En esos momentos, empieza el segundo turno para el desayuno que se ofrece todos los dí?as.

Mientras tanto, todaví?a permanecen 80 personas del primer turno, que carecen de casa y son trabajadores pobres, en su mayorí?a hombres, que ya han terminado de desayunar pero que no se atreven a salir por la lluvia, haci?éndose un poco mohó?nos dentro del edificio, que les pertenece a los padres jesuitas. Y otras ochenta personas está?n listas para ocupar las mesas.

Y los trabajadores de la comunidad sostienen que no es verdad de lo que el gobierno argentino presume como descenso en el nivel de pobreza, en ese paí?s rico en recursos. El abismo entre los que tienen y los que no tienen para vivir se ahonda, dicen, y la clase media y pobre se ven al margen de lo que el gobierno proclama como prosperidad, mientras algunos segmentos de la sociedad gozan su riqueza.

Y solamente en la ciudad de Buenos Aires existen unas 20,000 personas carentes de hogar. Algunos no tienen en donde vivir debido al abuso de drogas, pero un n?mero creciente de personas provenientes del interior de las provincias han llegado a la capital en busca de trabajo, resultando solamente que no lo encuentran y que tienen que vivir en la calle.

"La gente que llega (a Buenos Aires) provenientes de las provincias se convierten en pepenadores de basurero, producto de la crisis econ?ómica por la que atraviesa el país", dijo el padre jesuita Salvador Ver?n, coordinador espiritual de las Obras de San José?. "Y vemos un aumento del nú?mero de personas que viven en la calle debido a una combinaci?ón de falta de trabajos y tambi?én de desintegraci?ón de la familia por la influencia de drogas y alcohol".

A veces, si el jefe de familia no encuentra trabajo, se siente avergonzado pues no puede mantener a su familia; de tal manera, que mejor se va, a?ñadi?ó el padre jesuita.

Y el ?índice nacional de pobreza que publica el gobierno, afirmando que hay menos pobreza en las calles, solamente demuestra una realidad manipulada que disfraza la verdad, dijo el sacerdote.

Y dijo que hace 10 añ?os los jesuitas colaboraban para mantener dos comedores p?úblicos y que ahora se ven obligados a hacerlo con cuatro en la zona de Buenos Aires.

El proyecto inicial, sostenido por personas voluntarias, muchas de ellas padres de alumnos de la escuela jesuita El Salvador, ha crecido y ahora incluye un dormitorio, y unas 70 personas voluntarias ayudan en el comedor. Tambié?n se ofrecen programas de alfabetizaci?ón y entrenamiento vocacional, se tiene un ropero de ropa usada y se da consejer?a.

"No importa quien toque a la puerta; siempre encuentra buena acogida", dijo Araceli Baenninger, quien ya ha trabajado como voluntaria por 16 añ?os y que ahora es la coordinadora general del centro. "El ?nico requisito que se exige a las personas que asisten es que no haya drogas, ni alcohol ni armas de fuego. Y les pedimos que se den cuenta de que este lugar es diferente a la calle, y el c?ódigo de conducta tambi?én es diferente. Este lugar debe hacerse un lugar de encuentro, de familia".

El personal de la administraci?ón da ahora m?s alimentos a mujeres y a muchos jó?venes.

"En verdad vemos a má?s personas en situació?n de desempleo y a má?s jó?venes que han ca?do en el abuso de drogas y alcohol", dijo Baenninger.

Hern?n Della Giustila, que tiene 38 añ?os de edad, lleg?ó a Buenos Aires, hace dos añ?os, proveniente de la provincia llamada Entre R?os, con la esperanza de encontrar trabajo. Y solamente le fue posible encontrarlo de manera espor?dica diurna y no le queda suficiente dinero para gastos de comida, despu?s de que ahorra para pagar su renta en un departamento pequeñ?o, dijo. Y ?él culpa a otros trabajadores que llegan a Argentina de otros pa?ses vecinos y que aceptan menos dinero por su trabajo, perjudicando el nivel de salarios para los argentinos.

La gente de la calle en Argentina no se queda totalmente sin comer pues los dueñ?os de hoteles y restaurantes ponen a su disposici?ón sobras de comida que pueden consumir; sin embargo, lo que se les da en el centro Obras de San José? no es solamente comida sino tambi?én que sientan un poco de dignidad al tener la oportunidad de ba?ñarse y asearse en general, afirmó? Cristina Creydt, que trabaja de voluntaria.

"Se les da mucha dignidad aquí?. No solamente reciben comida", dijo. "Y aquí? yo he recibido m?ás de lo que he dado".


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